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Presionan a industrias para que consuman menos luz
30/05/2008

Hacía algún tiempo que no sonaba. Pero el teléfono del Gobierno volvió en los últimos dos días a llamar a algunas empresas de buena voluntad para pedirles un favor ya conocido en el mundo energético nacional: que "bajaran la carga", dicho en términos de la jerga. Traducido al lenguaje del llano: que consuman menos electricidad para que no falte en los hogares. Lo tuvieron que padecer varias firmas grandes como las siderúrgicas Siderca y Siderar, o la cementera Loma Negra.

El frío complicó el escenario más de lo que esperaban figuras decisivas del asunto. Hace una semana, el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, le había dicho a LA NACION que no habría este año necesidad de interrumpirle la luz a la industria. "No; cortes no vamos a tener este año -había sostenido durante una inauguración en Campana-. Tenemos 1500 megas de Brasil y lo que van a generar estas centrales y las inversiones nuevas. Puede ser que tengamos algunas restricciones en gas, pero lo vamos a cubrir en los días de pico con combustibles líquidos."

No alcanzó. Ni aun importando casi 1000 megavatios/hora de Brasil y 68 de Paraguay. En parte, porque hay casi 6500 indisponibles por roturas de máquinas, por mantenimiento o por falta de gas. En condiciones normales, el sistema eléctrico argentino debería tener entre 1000 y 1500 MW de reserva. Ayer, con un nuevo récord de demanda, la reserva quedó en 100.

El general y sus soldados

Todo parece, sin embargo, menos caótico que el año pasado. Tanto, que en las empresas afectadas ni se quejan. "Nos han pedido que si teníamos prevista alguna parada, la hiciéramos en la hora pico", explicaron en una de las plantas que apagaron la luz. El telefonista no es más Guillermo Moreno, el temible secretario de Comercio Interior, sino sus subalternos. En una generadora eléctrica lo dijeron con resignación: "Como es buena la relación con las empresas, llama cualquiera: «Dice Guillermo que hagan tal cosa», y así...".

En todos los casos, se trató de cortes a grandes plantas que tienen contratos directos con usinas generadoras, no a través de distribuidoras como Edenor o Edesur. "Eso se llama control de demanda", dijeron en una generadora, al ver que el consumo empezaba a bajar ayer desde las 19.30, después de tocar los 18.613 MW, el nivel más alto de la historia del país. En condiciones normales debería subir hasta las 20.10.

El equipo de Moreno ya está instalado en Cammesa, la administradora del mercado mayorista eléctrico. A las 17 de cada miércoles, se sienta a la mesa con cinco o seis representantes de las centrales más importantes. Y ahí sí se discute. A lo Moreno: pide las novedades, amenaza, insulta, estudia. Todo eso le resulta más fácil que tener que recorrer, como hacía el año pasado, las instalaciones de cada central preguntando por qué falta luz.

El secretario cuenta con dos laderos. Uno es el subsecretario de Coordinación de Control y Gestión del Ministerio de Planificación Federal, Roberto Baratta, que acata al instante las órdenes del ministro Julio De Vido. Baratta ha crecido tanto en el Gobierno, que fue el encargado de coordinar el frustrado acuerdo social del Bicentenario que pretendía firmar la presidenta Cristina Fernández de Kirchner el 25 de mayo.

El otro es Walter Fagyas, joven colaborador de Baratta, clavado en el directorio de Cammesa desde hace un año. Fagyas también cobra vuelo. Lo explicó un ejecutivo que suele toparse con él: "Antes era un perrito faldero. Ahora es un prepotente".

Pero la física o la naturaleza no responden a estas órdenes. Aquel "diluvio" en la central El Chocón del que habló la semana pasada Cristina Kirchner, celebrado con un fervoroso aplauso empresarial, duró menos que los 40 días y 40 noches que soportó Noé: fueron en realidad cinco, por lo que los embalses están bajando otra vez y se reclaman nuevas lluvias. Pero nieva en el Comahue (región patagónica de represas) y eso devuelve la esperanza eléctrica.

Brasil es en estas horas el gran auxilio argentino. Anteayer se importaron 979 MW/h. La venta, que molesta entre los industriales brasileños, no deja de ser buen negocio para el presidente Luiz Inácio Lula da Silva. La mitad de esta electricidad deberá ser devuelta en primavera, a un precio hasta cinco veces más caro que lo que cuesta aquí. La otra mitad tiene que ser pagada en efectivo, a un costo diez veces superior.

La urgencia es grande. Tanto, que a veces se prueba y se corrige. Un fax de la proveedora Metroenergía llegó el lunes pasado a la refinería de Shell en Dock Sud. La orden era que debía cortarse el gas. Pero ninguna refinería funciona sin combustible y en la Argentina falta también gasoil. Las usinas, en cambio, pueden utilizar otros combustibles. La corrección llegó al día siguiente: Shell pudo seguir refinando.

Mientras espera que se siga recuperando el Comahue, el Gobierno busca volver a contar con usinas que no están disponibles en generación térmica. Unos 1000 MW por falta de combustible; 700, por mantenimiento; 3400, por rotura y 1400, por otros problemas. Cualquier inconveniente obligará a utilizar más agua del Comahue. De ahí tanta energía oficial y empresarial puesta a los servicios de la meteorología.

 


Fuente: La Nación

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