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Crea Lula megaempresa estatal en electricidad
11/04/2008

Acaba de ser aprobada en Brasilia una nueva ley que permite a la empresa de energía Eletrobrás convertirse en una super-estatal de las características de Petrobras, la petrolera brasileña de bandera.

La Ley N° 11.651 la habilita a participar como socia mayoritaria en consorcios de explotación energética pero también a iniciar emprendimientos y negocios en el exterior.

Reestatización. Otro monopolio. Es lo que ya dicen algunas voces preocupadas. Algo que el ministro de Minas y Energía de Brasil, Edison Lobao, descarta de plano, ya que, argumenta, en los 90 la Eletrobrás que se abrió al capital privado sí era monopólica pero ahora, como «holding líder del sector eléctrico deberá competir con empresas privadas». Eletrobrás hoy controla 40% del mercado energético a través de seis subsidiarias (Chesf, Furnas, Eletrosul, Eletronorte, Cgtee y Eletronuclear), lo que incluye 29 usinas hidroeléctricas, 15 termoeléctricas y 2 terminales nucleares.

El argumento principal para la recreación de la megaestatal es que de esta manera se podrán garantizar tarifas más bajas para el mercado interno. Pero la verdadera razón -y prioritaria- está en otra parte. Extramuri. Eletrobrás buscará expandirse hacia América del Sur y principalmente reforzará su participación en emprendimientos hidroeléctricos con países limítrofes. Para Brasil, el tema energético es una cuestión de seguridad nacional, y la escasez que afecta al mundo y a nuestra región plantea, como no se cansa de pregonar el gobierno de Lula da Silva, un problema estratégico que va mucho más allá de lo coyuntural.

Sin energía Brasil no crece ni es. Por eso que ya está casi completa la asociación con Venezuela para montar dos hidroeléctricas sobre el río Caroni, y también con Bolivia la firma de una joint venture para hacer otro tanto en el río Madeira. Si a esto se le suma la sociedad con Uruguay por la usina de Corpus, más la de Garabí con la Argentina y la represa de Itaipú con Paraguay, el cerco energético brasileño está bastante completo. Sobre todo si se tiene en cuenta que hoy en día 84% de la energía que consume Brasil es de origen hidroeléctrico. Entre las hidroeléctricas binacionales de Eletrobrás, Itaipú es un dolor de cabeza. Bien fuerte. Y más allá de su costo faraónico (18 años para construirla con una inversión de casi u$s 20.000 millones). Paraguay -socia con Brasil en 50%- y en especial los candidatos presidenciales para la elección del domingo 20 de este mes, están planteando desde hace varios meses la revisión de la sociedad y contratos suscriptos entre ambos países. Con matices, desde ya.

De los tres candidatos, la oficialista Blanca Ovelar es la que menos quiere revolver el avispero; Lino Oviedo, con amplio apoyo brasileño en su campaña, plantea tocar apenas un poco las tarifas de venta de electricidad; pero es el ex obispo Fernando Lugo -hasta hace pocas semanas lideraba la intención de voto- quien propone los cambios más drásticos. El contrato original entre Brasil y Paraguay, firmado en 1973, establece que éste no podrá ser modificado por 50 años, es decir hasta 2023. De las 20 turbinas que tiene Itaipú, Paraguay utiliza la electricidad que proviene de sólo una de las 10 que le corresponden: vende a Brasil la energía excedente de las otras 9. Brasil paga u$s 2 el gigawat/hora, bien poco si se lo compara con lo que Paraguay le factura a la Argentina por el Gw/h de Yacyretá: u$s 9.

La propuesta de campaña del candidato Lugo es, entonces, aumentar al menos cinco veces la tarifa (a u$s 10 el Gw/h). Con un adicional: ajustarla en el futuro con las que Eletrobrás le imponga a la industria de San Pablo. En otras palabras, «tarifa móvil». Un adicional peligroso. La reacción en Brasilia y en el corazón industrial de San Pablo, apenas conocida esta propuesta «revisionista» de Lugo, fue poner en marcha a fines de 2007 la rápida sanción de esta ley con la que se acaba de crear la superestatal Eletrobrás. Este nuevo holding brasileño, que en la práctica actuará como un regulador de tarifas eléctricas, será el que renegocie el contrato de Itaipú con el nuevo presidente paraguayo. Tendrá más libertad que la anterior Eletrobrás y no estará sujeta a los compromisos firmados en 1973.

Una manera práctica y expeditiva del gobierno de Brasil para enfrentar esta nueva crisis energética con un país vecino. Se ve que el gobierno de Lula da Silva algo aprendió de los tropiezos y disgustos que le acarreó Bolivia con sus contratos de gas.

 


Fuente: Àmbito Financiero

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