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Subsidios: una enorme caja donde sólo manda el poder
08/04/2008

Puede ocurrir que el reintegro parcial de las retenciones a los pequeños productores de soja y los subsidios a los fletes, prometidos por el Gobierno, sea toda la política que se le ofrezca al campo. Pero aun en su estrechez, está por verse cuánta de esa plata de verdad les llegará a los ruralistas.

Ya existe un sistema de compensaciones para el trigo y otros cereales, la carne y la leche. Lo maneja la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (ONCCA), y a través de ella el Estado lleva gastados 1.525 millones de pesos, los 500 millones de dólares de los que habla la Federación Agraria.

El punto es que la tajada mayor no se la quedan los productores, sino las grandes empresas industrializadoras: Aceitera General Deheza, la Serenísima, Molinos Río de la Plata, la pollera Domenech, fueron las mencionadas por el titular de la Federación Agraria dentro de un lote de cinco que absorben el 50% de los subsidios.

Con algo de paciencia y esfuerzo, en la propia Web de la ONCCA se pueden rastrear los destinatarios precisos de las compensaciones oficiales. Pero un cuadro más general permite advertir que, hasta ahora, la industria láctea fue beneficiada con $ 344 millones, contra 81 millones para los tamberos. Que los molinos de trigo recibieron 366 millones versus 95 millones de los agricultores. O que los aceiteros ya cosecharon 282 millones.

Allí sólo hay 1.000 millones de pesos para el sector industrial. Y la cifra se corresponde con otros datos de la repartición que depende de Agricultura y Ganadería: a los productores agropecuarios les llega apenas el 27 % de las compensaciones.

Definición del organismo: el sistema rige para "garantizar el nivel de precios de los alimentos en el mercado interno". Se presume, para que no aumenten la leche, la carne, el pan, el aceite o los pollos.

Es una aspiración de Martín Lousteau, aparentemente ya convalidada por la Casa Rosada, que sea la AFIP quien distribuya el reintegro de las retenciones a los pequeños productores. Sería una manera de sacar a la ONCCA de la cancha, aunque se sabe que la devolución de impuestos es un procedimiento lento.

Lo si se quiere notable fue que que esa pretensión del ministro de Economía coincidiera con un recambio en la cúpula de la ONCCA. Y más todavía, que se pusiera allí a un pingüino—pingüino, Ricardo Echegaray, el ex titular de la Aduana echado junto a Alberto Abad, después de una feroz interna entre ambos.

Puede ser que la rapidez con que se le encontró trabajo a Echegaray tenga que ver solamente con la intención de mejorar la eficiencia y los sistemas de controles de la Oficina Agropecuaria. Y nada con una eventual interna sobre quien repartirá los reintegros.

Pero aun así está a la vista como se distribuyen los casilleros en el área económica oficial. Echegaray fue reemplazado por su segunda, María Tirabassi, una funcionaria siempre alineada con él. Y Echegaray saltó a la ONCCA, un organismo que maneja mucho más dinero que las compensaciones a la agroindustria y que apenas en las formas depende de Lousteau: igual que el INDEC controlado por Guillermo Moreno y, al parecer, la propia Aduana.

Compensaciones para las agroindustrias, ahora reintegros a los productores y subsidios a los fletes, hace tiempo subsidios por la energía y el transporte: en fin, una montaña de recursos públicos que crece sin pausa. Todos administrados por funcionarios que responden al poder centralizado, y sin que sean auditados por alguien ciertamente independiente del Gobierno.

Según datos de la Asap, una entidad de análisis fiscal, en 2007 se distribuyeron subsidios a empresas privadas y públicas por 14.626 millones de pesos, un 125 % más que en 2006. De allí, 9.293 millones fueron para sostener el sistema energético, 4.219 millones al transporte de pasajeros y cargas y 1.181 millones para la agroindustria. Plata que sale de la recaudación impositiva y que, seguramente, se acrecentará este año.

Lo que viene pronto —el jueves— son las estadísticas del INDEC auditadas por Guillermo Moreno. Todo el mundo percibió fuertes aumentos en los precios de alimentos esenciales, a raíz del prolongado paro del campo. Pero nadie se hace demasiadas ilusiones sobre que vayan a aparecer en el índice del mes pasado.

Y como es bien probable, si no seguro, que el indicador no cumpute tales subas, la inflación oficial volverá a ser un número irreal y, por lo tanto, un factor de irritación ya conocido por los consumidores.

Pero el problema de fondo no es el INDEC, sino el mismo, acelerado avance de los precios. Si se quiere, también la ausencia de una verdadera política antiinflacionaria con metas plurianuales descendentes, cosa que hasta los economistas cercanos al Gobierno ya reclaman sin demasiado cuidado.

De paso: ¿qué será de la vida del nuevo índice de precios? Si realmente existía la decisión de reformar el actual porque se lo consideraba poco representativo, parece insuficiente que todo se haya paralizado por la interna entre Lousteau y Moreno.

 


Fuente: Clarín

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