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En Campana se inauguró la primera usina eléctrica desde 2001
19/03/2008

Un día, Julio de Vido se dio el gusto de hacer algo que no ocurría desde el 2001: inaugurar una usina eléctrica. Fue ayer en Campana, cuando la Central Termoeléctrica Manuel Belgrano (CTMB) puso en marcha su primera turbina, que en diez días arrojará 271 megavatios (MW) al Sistema Interconectado Nacional (SIN).

Por ahora está a prueba y funciona a gas, pero también usará gasoil e irá incrementando su potencia hasta llegar a 554 MW en junio y un total de 823 MW en marzo del 2009. Para ese momento, entre esta central y su casi melliza de Timbúes (Termoeléctrica General San Martín) arrojarán más de 1.600 MW al sistema, casi 10% del consumo pico. “Estamos venciendo en una batalla contra el escepticismo, contra los descreídos y contra los que siempre nos anuncian catástrofes”, desafió la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que también señaló: “Esta obra se hizo en once meses, los empresarios extranjeros me decían que nunca fue realizado algo similar en un plazo tan corto”.

El ministro de Planificación, cuyo bajo perfil fue tan evidente que ni siquiera habló, asintió cada una de estas frases con un gesto de satisfacción. Antes de esta jornada, se encargó de apurar una obra cuyos constructores fueron elegidos –entre otras cosas– porque prometieron rapidez y entrada gradual de energía (sin esperar hasta el final de la obra). “De Vido llamaba todos los días para constatar los avances de obras”, comentó el gobernador bonaerense, Daniel Scioli. Algo que le consta a los ejecutivos del grupo constructor, integrada por la alemana Siemens, la española Duro Felgueras y la argentina Electroingeniería.

Un apuro que demuestra la urgencia por dotar de mayor generación a un sistema energético al límite, especialmente en jornadas de mucho calor o frío. En un acto a puro “devidismo”, desfilaron por Campana los fieles del ministro, aunque no tuvieron vinculación al tema energético. La primera fila fue el mejor ejemplo de esto, porque estaban las presencias protocolares (constructores, el secretario de Energía Daniel Cameron, autoridades provinciales); pero también aquellas que no lo son. De estas últimas, las más estelares fueron Hugo Moyano, secretario general de la CGT; y Guillermo Moreno, el secretario de Comercio Interior que formalmente revista en el Ministerio de Economía, pero que en los hechos negocia por De Vido un aumento de tarifas que viene demorado. También estaba Lisandro Salas, de Comunicaciones; o Roberto Baratta, subsecretario de Coordinación y Control de Gestión, señalado por muchos como la mano derecha del ministro. A su lado, Baratta sentó a Pablo Díaz, el ejecutivo del Grupo Pampa que no se cansa de elogiar pública y privadamente a De Vido.

Por la provincia de Buenos Aires estaban las ministras de Infraestructura –Cristina Alvarez Rodríguez– y Producción –Débora Giorgi–, entre otros funcionarios. También los sindicalistas Oscar Lescano (Luz y Fuerza) y Omar Viviani (taxistas). Mientras que del Gobierno Nacional participaron Florencia Randazzo, ministro de Interior, y Carlos Zannini, secretario de Legal y Técnica. Los militantes del Frente para la Victoria y de la FTV de Luis D‘elía aportaron color y banderas, vitoreando algunas frases de la presidenta.

Los fondos de las centrales de Campana y Timbúes provienen del Foninvemem, que convirtió las deudas del Estado con las generadoras en un fideicomiso para estas inversiones. Algo que en 2004, cuando fue propuesta, no le hizo ninguna gracia a los acreedores. “Las reglas de juego son estas, no nos queda más alternativa que aceptarlas”, admitió un directivo del sector.

 


Fuente: El Cronista

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