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Los efectos de modificar el huso
17/03/2008

Según las estadísticas oficiales sobre consumo de energía, el cambio horario fue un recurso ineficaz para lograr el ahorro deseado. La realidad indica que la demanda creció, a pesar de los esfuerzos oficiales de contenerla adelantando los relojes una hora durante el verano, recurso remanido en la historia local del que, sin embargo, hay pocas pruebas de utilidad. Los más optimistas defienden la medida destacando que las altas temperaturas y el boom de la industria explican que sólo en enero el sistema haya necesitado un 10,4 por ciento más de electricidad que en el mismo mes del año pasado.

Los más críticos apuntan a las llamadas que el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, y el subsecretario de Coordinación de Planificación, Roberto Baratta, hacen a las distribuidoras y a las industrias para que instrumenten cortes acotados y de bajo impacto mediático, evitando así que el sistema esté más exigido de lo que lo estuvo.

El primer mes del año tuvo un consumo record de electricidad, que para el Indec acusó una suba del 10,4 promedio en todo el país. Los registros de Cammesa, la estatal administradora del mercado eléctrico mayorista, apuntan a que el sistema demandó un 4,9 por ciento más de energía que en enero del 2007. Adeera, la Asociación de Distribuidores de la Energía Eléctrica, registró una suba de 5,6 por ciento en el primer bimestre respecto de igual lapso del año pasado.

Es previsible un incremento de la energía que acompañe la expansión de la economía. Desde 1990, como subrayan los distribuidores, la demanda no deja de crecer. Sobre esta base, la pregunta del millón es qué habría ocurrido en este verano a punto de terminar si no se hubiesen alterado los relojes. Y en esto, tanto los militantes del cambio como los detractores coinciden que no hay elementos suficientes para formular un juicio categórico, sino formas distintas de interpretar las estadísticas disponibles hasta el momento. “Nosotros consideramos que el plan oficial para ahorrar energía ayudó a rebajar un 3 por ciento el consumo. Pero la realidad es que no hay un estudio específico para cuantificar el impacto de las últimas medidas”, relativiza Félix Herrero, del Grupo Moreno.

Lo que tampoco puede soslayarse en el análisis son los llamados desde la Secretaría de Comercio y desde Planificación a los gerentes de las distribuidoras y a algunas grandes empresas para que interrumpan el suministro o se autolimiten en el consumo. Este recurso también habría sido útil para frenar las subas en la demanda, básicamente conteniendo los picos con esos recortes “inducidos” por Moreno y Baratta y funcionales al propósito oficial de ahorrar unos 175 mega con la alteración de los relojes. Un objetivo modesto si se considera que eso equivale a sólo 1 por ciento de la demanda pico.

El cambio de huso horario, que desde 1920 ubica formalmente a la Argentina cuatro horas menos respecto del meridiano de Greenwich, siempre fue una medida controvertida y de efecto difícil de mensurar, aunque de mucho impacto en la opinión pública.

En el año 2001, el Congreso sancionó una ley para instrumentar el mismo recorte que recientemente, con la idea de reubicar la hora oficial, pasando de -3 (donde se estuvo durante las cuatro estaciones desde 1999) a -2 y ganar una hora de luz. Pero un informe que la Secretaría de Energía entonces encargó al Instituto Tecnológico de Buenos Aires (Itba), demostraba que el cambio era inocuo y Fernando de la Rúa no quiso afrontar el costo político de tomar una medida: aquella norma nunca se promulgó. Con un cuadro de escasez energética agravada, a Cristina Fernández de Kirchner no le faltó esta determinación. El 26 de diciembre se aprobó la ley que dispuso adelantar los relojes desde el 30 de diciembre al 16 de marzo. El aval en ambas cámaras fue apabullante, a pesar de los resquemores que la corrección horaria provocaba en varios lugares. Las provincias del oeste, por ejemplo, que por su ubicación tienen una jornada solar más extendida en relación con la Capital, consideraban que un nuevo retoque las obligaría a consumir más energía en la primeras horas de la mañana, neutralizando los efectos del presunto ahorro. Los especialistas del sector advierten sobre la necesidad de aplicar medidas más urgentes que las incluidas en el Programa del Uso Racional de la Energía.

Los otros capítulos del Pronuree también incluyen el recambio masivo de lámparas incandescentes por las de bajo consumo en todos los edificios y luminaria pública, decisión a la que pueden adherir las provincias. O el etiquetado de los electrodomésticos para distinguir a los que demandan menos energía. Caminos elípticos para estimular el ahorro evitando una suba drástica en el precio para todos los segmentos, en particular para el de los domicilios.

 


Fuente: Página/12

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