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Cables pelados - La capacidad del sistema eléctrico
17/02/2008
 

Los cortes de comienzos de año se produjeron por una demanda muy fuerte debido a las altas temperaturas sumadas a deficiencias en la distribución del servicio. La causa estructural es la falta de inversión en el sector de generación, en una economía en crecimiento que necesitaría incorporar entre 1000 y 1500 megavatios por año. En 2003 y 2004, el aumento de la demanda eléctrica estuvo motorizado por la industria, mientras que en los últimos años la tendencia se revirtió a favor del sector residencial.

Los casi 50 mil cortes simultáneos de electricidad en Capital Federal y Gran Buenos Aires a fines del año pasado y comienzos de éste, y el nivel record de consumo alcanzado en diciembre y en enero instalaron nuevamente la discusión sobre tres cuestiones:

1. La capacidad del sistema eléctrico para atender un consumo creciente.

2. La instrumentación de una política que suponga un uso eficiente y responsable de un recurso no renovable.

3. La necesidad de realizar inversiones en los sectores de distribución y generación no sólo para salir de la crisis actual, sino para enfrentar una demanda que se irá incrementando de la mano del crecimiento económico.

Especialistas consultados por Cash insistieron en diferenciar las causas coyunturales del problema estructural del escenario energético local. Los recientes cortes se produjeron por una demanda muy fuerte debido a las altas temperaturas sumada a deficiencias en la distribución del servicio. “Los apagones parciales suceden en las ciudades más civilizadas. Porque las instalaciones nunca se pueden dimensionar para situaciones extremas. Hay una zona gris entre un exceso de clima y problemas de falta de inversión en distribución”, explicó Marcos Rebasa, integrante del Foro de los Servicios Públicos y el Petróleo.

La causa estructural es la falta de inversión en el sector de generación, sobre todo en una economía en crecimiento que necesitaría incorporar entre 1000 y 1500 megavatios por año, calculan en la Fundación para el Desarrollo Eléctrico (Fundelec). Desde la desregulación y privatización del sector en 1992 hasta hoy se agregaron unos 11 mil megavatios de potencia al parque de generación, de los cuales casi 10 mil se concretaron en los primeros diez años y 1100 en los últimos cinco.

El mayor nivel de inversión se concentró entre 1995 y 1998, con un aumento del 25 por ciento de la potencia instalada. Entre 1999 y 2001 creció un 20 por ciento y se estabilizó a partir del último año de la convertibilidad, según datos de la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico.

Durante el mismo período, la evolución de la demanda eléctrica reflejó los vaivenes de la coyuntura económica. Entre 1992 y 1995 creció entre 6 y 7 por ciento en términos interanuales, cayó poco más del 3 por ciento durante la crisis del ’95, se recuperó en los dos años siguientes a un ritmo del 7,5 por ciento anual y comenzó nuevamente a caer hacia 2002, cuando el consumo disminuyó un 2 por ciento. “Con la recuperación de 2003 la demanda comenzó a aumentar al doble y como la oferta desaceleró el crecimiento, se llegó más rápido al límite de generación disponible”, precisó a Cash Cecilia Laclau, coordinadora de Fundelec.

La crisis de este sector se empezó a manifestar a partir de 2004, ante el agotamiento de la reserva del parque de generación y la ausencia de nuevas inversiones. “La capacidad disponible fue de 18.300 MW y la demanda pico alcanzó 17.600 MW. Es decir, un 96 por ciento de la capacidad disponible. Si una máquina saliera de servicio por algún problema impediría cubrir la demanda”, advierten expertos de la Fundación Bariloche.

El crecimiento total del consumo eléctrico en 2007 fue del 5,5 por ciento. Una cifra “moderada”, según Fundelec. Lo distintivo de los últimos años fue la composición de tal demanda. Mientras entre 2003 y 2004 el crecimiento estuvo motorizado por la industria, en los últimos años la tendencia se revirtió. En 2007, el sector residencial creció alrededor del 11 por ciento frente a poco más del 7 de la industrial. Esto se debió a una limitación de 1200 MW en la potencia de electricidad que el sistema público le entregó a este sector. También al autoabastecimiento parcial de algunas industrias entre junio y agosto de 2007, indicó Laclau.

La desaceleración en la oferta de energía eléctrica se produce por la falta de inversión en el sector de generación en los últimos años. La última central térmica de ciclo combinado de gran porte fue Genelba, que entró en servicio en 2000 y aportó 800 MW de potencia. Desde entonces no se inauguraron plantas de generación de envergadura. Hay un par que el Gobierno espera hacerlo en este año. Esa morosidad en este tipo de inversiones se debe, según Rebasa, a que “se impulsó un plan que apostó al mercado como solución de la inversión, que fracasó rotundamente. Sobre esa cuestión no se hace debido hincapié. No quiero salvar a este Gobierno del problema, pero esto viene del modelo energético instaurado en el ’90, especialmente en el sector eléctrico”.

En cambio, para Santiago Urbiztondo, investigador de Fiel, “lo que provocó una caída de la inversión fue el exceso de oferta. Si el sistema anterior siguiera vigente y si, en el camino de la recuperación económica, se hubieran dado señales de precios crecientes, eso permitiría inducir inversiones”.

Para aumentar la generación eléctrica hay una serie de proyectos en curso: dos centrales termoeléctricas en Campana y Timbúes –Belgrano y San Martín– financiadas con el Fondo para Inversiones Necesarias, la elevación de la cota de Yacyretá a 78,5 metros y la central atómica Atucha II.

Paralelamente, el flamante gobierno de Cristina Fernández de Kirchner lanzó el Programa Nacional de Uso Racional y Eficiente de la Energía que apunta a lograr mayor racionalidad en el corto, mediano y largo plazo. Esta política incluye el cambio de hora oficial, el uso eficiente en edificios de la Administración Pública nacional, provincial y municipal y en las cámaras empresarias, la implementación de un plan de modernización energética para edificios públicos, el canje de lámparas incandescentes por las de bajo consumo, la extensión de planes de etiquetado y el cambio de lámparas en alumbrado público.

El objetivo es conseguir un ahorro en el consumo de potencia de 1053 MW en el corto plazo y 1330 MW en el largo plazo, estima un estudio de Fundelec. Carlos Tanides, experto de Fundación Vida Silvestre, calificó al plan de “integral”, dado que abarca todos los sectores de consumo –residencial, industrial, comercial y transporte– e incluye a todos los energéticos. “Antes, las pocas acciones que se implementaron se focalizaron en el área de energía eléctrica”, recordó a este suplemento.

Se estima que en el invierno no sólo será mayor la necesidad de electricidad sino, fundamentalmente, la de gas natural. En el primer caso, requerido como insumo de la cadena eléctrica producto del mayor nivel de actividad industrial. En el segundo, como consumo final para que los residenciales puedan atenuar las bajas temperaturas. En este sentido, la Argentina debe resolver otro frente: las posibles limitaciones que encuentre Bolivia para entregar gas a la Argentina más allá del acuerdo firmado entre ambos gobiernos en 2006. Al respecto, esta semana se realizará una cumbre tripartita en Buenos Aires con los presidentes de Argentina, Bolivia y Brasil para ordenar el abastecimiento del gas boliviano.

Por su parte, Ernesto Feilbogen, de la Cooperación Técnica Alemana (GTZ-CIM), opinó que si bien suele vincularse el desarrollo económico con un mayor consumo energético, el ritmo de aumento de tal demanda no tiene por qué ser similar a la marcha del crecimiento de la economía. “La eficiencia energética es el mejor instrumento para introducir modificaciones culturales y tecnológicas y así mejorar el desempeño energético de la economía en su conjunto y cumplir con las metas de crecimiento, pero atenuando los requerimientos energéticos asociados”.

Otro aspecto relacionado con la eficiencia energética promovido por la GTZ es la cogeneración de energía (térmica y eléctrica), que permite al sector privado cubrir sus requerimientos energéticos con saldos exportables de energía eléctrica que pueden ser desviados a la red pública. Esto es reconocido como el mecanismo más eficiente para aprovechar recursos primarios de energía y, según datos de la GTZ, el país cuenta por esa vía con un potencial cercano a los 2000 MW, equivalente a tres centrales nucleares.

Los diagnósticos de eficiencia hechos por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial en varias industrias muestran que es posible alcanzar de 10 a 35 por ciento de ahorro. Una cifra importante para un sector que consume un tercio de la energía total del país. “La forma más valiosa para promover las mejoras es definir un certificado de eficiencia que les asegure a las empresas provisión de insumos críticos en momentos de escasez y/o una bonificación en el precio del insumo”, señaló Mario Ogara, director del Centro de Investigación para el Uso Racional de la Energía de ese organismo.

Por su parte, Vida Silvestre realizó un estudio en 2006 sobre los alcances de aplicar una política eficiente en materia energética. El documento indica que con programas de información y educación, planes de desarrollo tecnológico, trasformaciones de mercado e incentivos económicos, en el año 2020 se podría lograr un ahorro de energía eléctrica de 24 a 46 por ciento en los hogares, del 27 al 50 por ciento en los sectores comercial y público y de 11 a 14 por ciento en la industria.

Otro aspecto sensible que está actualmente en discusión es si un aumento tarifario contribuiría a un uso eficiente. Varios expertos critican la actual estructura tarifaria del ’90, que sigue el principio de costo marginal: cuanto más se consume, menos se paga y donde el 80 por ciento de la tarifa son costos fijos y el 20 por ciento restante, variables. Con esta lógica, las tarifas eléctricas vigentes no alientan el uso eficiente de la energía. Para Ogara, “un aumento de precio reduciría el consumo sólo de los más pobres. El resto de los consumidores residenciales seguramente no modificaría sensiblemente sus hábitos. Las industrias trasladarían el costo a precios en numerosos casos. Otra vez, la factura la pagarían los consumidores finales, especialmente los más pobres”.

Límites del actual modelo

Desde fines de la década del ’40 hasta culminar los ’80, la política energética argentina descansó en tres pilares básicos:

1. El principio de autoabastecimiento, según el cual la energía era utilizada para satisfacer las necesidades del sistema socioeconómico.

2. La búsqueda de sustentabilidad tratando de diversificar la matriz energética, un aspecto que se fortaleció a partir del ’60 y ’70 con el desarrollo del gas natural y la incorporación de hidroelectricidad y energía nuclear.

3. El mantenimiento de los recursos energéticos y de infraestructura de abastecimiento en manos del Estado.

“Estos tres principios se abandonan a comienzos de la década del ’90”, explicaron en la Fundación Bariloche.

Desde la desregulación del sector, los productores privados pueden usar el recurso de la manera más conveniente de acuerdo con sus objetivos de rentabilidad. Las inversiones en materia de abastecimiento energético e infraestructura dejaron de ser producto de la planificación estatal y resultaron del libre juego del mercado. En este sentido, por ejemplo, las inversiones en la etapa de generación del sistema eléctrico durante la década pasada se concentraron en turbinas de ciclo combinado que utilizaban combustible y gas natural como insumo.

“Desde el punto de vista de la rentabilidad privada y los objetivos de un actor descentralizado, habiendo disponibilidad de gas natural, no hay ninguna tecnología que pueda competir con ella. Pero es una visión de rentabilidad privada de corto y mediano plazo, que no toma en cuenta las consecuencias para el sistema socioeconómico en su conjunto y la seguridad de abastecimiento a largo plazo”, explicó el vicepresidente de la Fundación Bariloche, Daniel Bouille.

El Plan Estratégico Nacional 2004/2008 elaborado por la Secretaría de Energía señala que “Argentina es uno de los países del mundo con mayor participación del gas en su matriz energética, con lo cual es imprescindible que tengamos señales de mediano plazo respecto al precio de este bien para hacer sustentable su explotación a largo plazo”. En el caso particular de la cadena productiva de la electricidad, la estructura de generación tiene un alto componente de gas natural. El incremento del consumo de este recurso se explica en un 44 por ciento por la generación de electricidad. De manera que la actual crisis en el sistema eléctrico está vinculada, en gran medida, a la carencia de inversiones en la cadena productiva del gas natural, agregan en la Fundación Bariloche.

El tercer pilar, la propiedad de los recursos energéticos, también se abandonó con la privatización del sector. Una decisión política que no tomaron Brasil, Uruguay, Venezuela, Chile ni México. Para Rebasa, “en los ’90 se estableció la teoría de que con la competencia los precios bajarían, cosa que ocurrió, y que esto traería escasez, lo cual iba a hacer subir el precio y así alentar a nuevos protagonistas a entrar en el mercado. Eso es teoría pura, no tiene nada que ver con la realidad”. Laclau sostuvo que se trata de “un modelo que se viene implementando hace quince años con sus aciertos y desaciertos. En algún momento, ese modelo funcionó bien para lo que es el sector eléctrico porque permitió salir de los cortes rotativos y pasó a una situación de superávit energético”. Hoy, con el balance de los últimos cuatro años, ha estado mostrando sus límites y expresa agotamiento para brindar respuestas a la demanda de crecimiento del país.

Tres especialistas opinan sobre qué hacer

“Problema heredado”

Daniel Bouille - Vicepresidente de la Fundación Bariloche

“El problema energético que se generó a partir de la gestión Kirchner es, en gran medida, un problema heredado, vinculado con la ausencia de inversiones. La madre del problema está en la política energética del ’90. Es importante tener en cuenta que se trata de recursos estratégicos. El ámbito de decisión de los actores privados es el mundo, van con sus inversiones a donde obtienen las mejores rentabilidades. Y Argentina no es un mercado atractivo para un inversor internacional; para hacerlo atractivo hay que dar muchas prebendas. La responsabilidad del origen del problema no es de la administración Kirchner, pero el Gobierno no tomó el problema con la celeridad y seriedad que éste requería. Desafortunadamente, creo que todavía siguen en esa situación.”

 

“Distorsión de precios”

Santiago Urbiztondo - Director del Departamento de Estudios Regulatorios de FIEL

“Con la crisis de 2002 aumentaron algunos precios y otros quedaron congelados, como el transporte y distribución de electricidad y el gas. Esto generó un aumento de la demanda, no sólo por la recuperación económica sino porque los precios estaban congelados para gran parte de la población. En este escenario, esperar inversiones es remoto. Las inversiones se vieron dañadas por la distorsión de precios y por la incertidumbre contractual que incluye este congelamiento tarifario. El actual plan de ahorro no es significativo ya que puede posponer este problema por seis meses o un año. Son medidas coyunturales. En el fondo hay un problema contractual irresuelto. Llama la atención lo improvisado del programa y que no se haya incluido las tarifas entre sus instrumentos.”

 

“Potencial de ahorro”

Enrique Wittwer - Coordinador de Proyecto de Incremento de la Eficiencia Energética y Productiva en las PyMEs Argentinas

“Eficiencia energética en el sector industrial es pasar de materias primas a productos usando cada vez menos energía. Los resultados son muy claros. En países que empezaron con este tipo de proyectos, la industria es capaz de producir lo mismo que hace 30 años con la mitad o menos de la energía que utilizaban entonces. En el sector de las Pymes en Argentina, mostramos que si aplican las medidas propuestas el potencial de ahorro sería de entre 20 y 30 por ciento de energía térmica y de 10 a 20 por ciento de energía eléctrica. La eficiencia energética es mucho menos técnica que lo que la gente cree. Es un tema interdisciplinario, donde están llamados a involucrarse distintos actores, no es algo sólo para ingenieros o especialistas del área energética.”

Energía: escasez

- Los recientes cortes se produjeron por una demanda muy fuerte debido a las altas temperaturas sumadas a deficiencias en la distribución del servicio.

- La causa estructural es la falta de inversión en el sector de generación, sobre todo en una economía en crecimiento que necesitaría incorporar entre 1000 y 1500 megavatios por año.

- Mientras entre 2003 y 2004 el aumento de la demanda eléctrica estuvo motorizado por la industria, en los últimos años la tendencia se revirtió a favor del sector residencial.

- Se estima que en el invierno no sólo será mayor la necesidad de electricidad sino, fundamentalmente, la de gas natural.

- La actual estructura tarifaria del ’90 sigue el principio de costo marginal: cuanto más se consume, menos se paga. No alienta el uso eficiente de la energía.

 

 

 

Por: Natalia Aruguete

Fuente: Página/12

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