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El plan de energía llegó tarde y mal
14/02/2008

La suba de tarifas de la energía eléctrica a los clientes residenciales es una asignatura pendiente largamente demorada por el gobierno nacional.

A esta altura del congelamiento tarifario más prolongado de la historia económica argentina de posguerra y con una inflación subyacente muy elevada, un acomodamiento tarifario se hace imprescindible tanto para la sostenibilidad económica de la provisión de energía eléctrica como para enviar señales adecuadas a los usuarios, en medio de una visible escasez de energía. Son estas señales las que todavía están pendientes en la agenda sectorial, más allá de todas las buenas intenciones para ahorrar energía por mecanismos distintos de lo simple y lógico que es mostrarles a los usuarios que lo que cuesta alguien lo tiene que pagar. En particular si esos clientes son familias de ingresos medios altos y altos. Pero además de lo que el sentido común indicaría, es la misma administración actualmente en el poder -y no las anteriores- la que se ha comprometido a una revisión tarifaria integral (RTI) para Edelap, Edenor y Edesur que fue postergada el año pasado, en aras a acompañar el proceso electoral, y puso fecha perentoria el 1 de febrero de 2008. Es decir que hay una falta de cumplimiento o compromiso de alguien o algunos que juraron que no iban a hacer anuncios que luego no se iban a poder cumplir.

Pero los trascendidos de medios periodísticos cercanos, y no tan cercanos, a la esfera oficial han evidenciado que existen varias propuestas o alternativas que están bajo consideración para un inminente ajuste selectivo que excluya a los hogares de menores recursos. Entre las preferidas, de nuevo según los trascendidos,estarían las propuestas que planteanla necesidad de abrir un nuevo bloque tarifario -sobre el cual recaería el aumento- para usuarios residenciales cuyos consumos superan un umbral alto, del orden de los 1.000 kwh, muy superior al que hoy divide a las categorías tarifarias T1-R1 y T1-R2 , que se sitúan en 300 kwh mensuales. La justificación de esta modificación recaería en hacer pagar más a los que mayores consumidores como una forma de asignar mejor los costos de la escasez de infraestructura y energía.

Inocencia

Esto por si sólo es muy discutible tanto en lo que concierne a los mecanismos para estimar y otorgar estos aumentos como al mismo diseño tarifario para reflejar cuellos de botella en la provisión de energía.

Pero tal vez lo más llamativo es la aparente inocencia de creer que este mecanismo es ideal para proceder a un aumento de tarifas buscando sólo impactar en los hogares de ingresos medios altos o altos. Ello no va a ser así por la simple razón, bien conocida y bastante estudiada entre los economistas que han mirado estos temas, de que una separación por niveles de consumo de electricidad no va a poder segmentar bien a los hogares pobres de los ricos.

En la jerga técnica, la elasticidadingreso del consumo de electricidad es baja porque existen características de los hogares (tales como el número de miembros, mucho mayor en los pobres) que hacen que existan hogares de bajos recursos que consumen bastante electricidad.

Una simulación simple de la posible «propuesta oficial», que se acompaña con el cuadro adjunto, muestra los errores visibles del esquema propuesto. Utilizando como base la información de la encuesta de gasto de los hogares para la zona metropolitana de Buenos Aires de fines de los 90 -dado que la actual todavía no se ha dado a conocer-, y realizando ajustes para traerla al presente, se observa en primer lugar que el porcentaje de hogares que consumen más de 1.000 kwh mensuales es bastante reducido y cercano a 8% del número total de hogares, representando a su vez alrededor de 23% del consumo total de energía eléctrica residencial en la zona de referencia. El problema principal que muestran estos datos, que deberían confirmarse cuando el gobierno difunda la nueva encuesta largamente esperada, es que ese 8% no se localiza exclusivamente en los deciles de mayores ingresos (aquellos cercanos e incluyendo al decil 10) sino que están esparcidos a lo largo de la distribución del ingreso. La tercera columna del cuadro muestra que la mitad de «abajo» en la distribución del ingreso contiene a casi 40% de los hogares que consumen más del «umbral» propuesto y, por ende, van a sufrir el aumento tarifario.

La política va a fracasar, por un mal diseño, en el objetivo de aislar del aumento tarifario a los hogares de menores recursos. Lo demás en el cuadro es pura especulación para una simulación de un aumento selectivo de 30% sobre los usuarios con consumos de más de 1.000 kwh, a partir de los datos tarifarios actuales. Esta suba genera una masa de recursos equivalente a algo más 5% de lo que hoy reciben la cadena de valor y el Estado a través de impuestos (que, vale decir, «muerden» con 26% del valor tarifario final). Es decir, mucho ruido (para los pobres) y pocas nueces (para la cadena de valor), exactamente al revés de lo aconsejable. Pero lo más preocupante es la simulación del impacto o incidencia por decil de ingreso. Mientras que para los más pobres del conurbano el aumento representa más de 4% de sus ingresos (según la EPH), para más los ricos de la Capital Federal representa 0,2%.

Que no hay otra salida que mejorar el diseño de una operación de este tipo complementándola con indicadores del estatus económico-social de los hogares (ojalá de las personas) se cae de maduro después de esta nota. Y es chocolate por la noticia para los economistas especializados en estos temas.

 

Por: Fernando Navajas 

Fuente: Ámbito Financiero

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