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No subir tarifas de luz costó US$ 4000 millones en 4 años
28/01/2008
 

Es lo que destinó el Estado a la generación; podrían haberse construido seis centrales nuevas.

Con el mismo dinero, Néstor Kirchner podría haber optado por construir seis generadoras eléctricas de 800 megavatios, como las dos que se inaugurarán este año en Timbúes y en Campana, y habría hoy sobrante de energía. O plantar más de dos gasoductos hacia Bolivia, invertir en yacimientos allí y acabar para siempre con la escasez de gas. Pero el ex presidente eligió utilizar, entre 2004 y 2007, exactamente 12.381 millones de pesos para pagar el costo de la generación y evitar alzas tarifarias y apagones generales.

Los datos pertenecen a Cammesa, la administradora del mercado eléctrico nacional, e incluyen compras de fueloil y gasoil, importación de electricidad de Uruguay y Brasil, y pagos a generadoras para no subir tarifas. Quienes dejen volar la imaginación podrían llegar a conclusiones tan fantasiosas como pensar que esos 4000 millones de dólares -casi dos tercios de los 6200 millones que se le deben al Club de París- podrían haber cumplido un sueño petrolero estatista: que el Tesoro comprara el 25% de YPF que acaba de adquirir el banquero Enrique Eskenazi.

Pero la vida energética continúa. Los primeros apagones de enero encontraron al ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, de vacaciones en Italia, tal el permiso que la presidenta Cristina Kirchner les otorgó a sus funcionarios. El manejo operativo de las restricciones volvió a recaer, como en el invierno, sobre dos laderos: el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, y el subsecretario Roberto Baratta.

Entre diciembre y enero, según datos de las empresas, Chaco y Formosa tuvieron 18 cortes de luz, principalmente entre las 14 y las 16 horas. El conurbano y la Capital Federal también pasaron penurias. En los días más calurosos, por primera vez desde 1992, la oferta no alcanzó en enero: si no hubiera sido por llamados desesperados a grandes fábricas, la demanda habría llegado a los 19.500 MW. Algunas distribuidoras se encargaron de pedir los favores.

Daniel Cameron, secretario de Energía, cada vez participa menos. Se limita más bien al rol de consultor de Moreno y de Baratta, dos funcionarios ajenos a los secretos de la ingeniería. Cameron está más tranquilo que otras veces. Ha dicho, entre íntimos, que, por lo menos, hasta abril se quedará en el Gobierno. Fundadas o no, las versiones proliferan en el Ministerio. Hasta De Vido repite que su continuidad no está asegurada. Algunos empleados dicen estar buscando refugio laboral.

Desde hace varias semanas, Moreno o Baratta se reúnen todos los martes a las 18, en Cammesa, con representantes de un grupo de evaluación conformado para la emergencia: lo integran la española Endesa, la argentina Sadesa -de Carlos Miguens, entre otros-, Pampa Holding -de Marcelo Mindlin- y la norteamericana AES. La orden es que cada generadora le envíe diariamente a Baratta un informe detallado de las máquinas y el despacho. Nada nuevo: los mismos datos están en Cammesa. El objetivo parece más bien psicológico: se está encima de todo el sector.

Alivianada la temperatura, en las últimas semanas volvió la calma. Lo visible está controlado. Aunque la tensión eléctrica no sea la misma, por ejemplo, en Pinamar, donde varía a veces entre 175 y 240 voltios. Los altibajos no favorecen a los electrodomésticos: un motor que podría durar 20 años, reconocen los ingenieros, acortará su vida a seis o siete.

Qué cambió con la hora

Mientras espera los resultados de algunas inversiones, el Gobierno recurrió a pequeños generadores Sullair de no más de 1000 kv, que instala sobre trailers en la costa atlántica. Hubo que tener paciencia: el centro comercial Pinamar Norte debió esperar algunos días su inauguración, porque las conexiones eléctricas no alcanzaban.

Nadie sabe en el sector si el cambio de horario sirvió realmente para ahorrar. La buena noticia es que ya no hay, como antes, abruptos picos de consumo entre las 19 y las 21. La mala, que la demanda alta se extiende a horas antes tranquilas, como las 23.

Todo está en silencio. Edenor, Edesur y Edelap ya no reclaman tarifas. Sus facturas son entre cuatro y cinco veces más bajas que en Brasil, Uruguay o Chile, y la mitad que en Córdoba, según la consultora Montamat & Asociados. El tipo de cambio alto no ayuda, porque los salarios también son más bajos aquí. La industria nacional, quejosa de las últimas alzas, paga aún un tercio de lo que abonan sus pares de la región.

Para colmo, para las distribuidoras, en los días calurosos, la orden oficial de "bajar la carga" es cada vez más difícil de cumplir. Si las fábricas no obedecen, el ajuste temporario cae en alguna zona residencial. Ya ocurrió en el invierno. La explicación al usuario será siempre la misma: que se trata de "cortes aislados".

 

 

Fuente: La Nación

 

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