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Cambio de lámparas, un ahorro relativo
22/01/2008

Si se cambiaran las bombitas de una casa por las de bajo consumo, sólo se amortizaría su costo luego de unos tres años de uso.

La Argentina, con su crisis energética, terminó sumándose por fuerza a una tendencia mundial: el canje de las típicas lamparitas incandescentes por otras de bajo consumo que, como mínimo, son siete veces más caras.

Existen, de todos modos, muchas dudas acerca de la conveniencia económica en el corto plazo de adoptar esta innovación por iniciativa propia. Hay también críticas acerca del haz lumínico que entregan, el tiempo que demoran en encender y hasta cuestionamientos estéticos.

Un cálculo al estilo "hágalo usted mismo", sobre la base de multiplicar el valor de estas lámparas más caras (20w) por el precio del kw/h (IVA e impuestos incluidos) y el tiempo de encendido (seis horas diarias, por ejemplo), indica que sólo a partir del tercer año de uso continuo podrían ahorrarse unos centavos. Más aún: si la lámpara de bajo consumo es de las más caras del mercado (unos $ 27) la amortización del costo podría alcanzarse a los siete años.

Entre las múltiples razones que suelen esgrimirse para fundamentar el cambio, el ahorro energético aparece como el más convincente. Las normales consumen un 80% más de energía que las de bajo consumo y, sin eventualidades de por medio, duran hasta 6000 horas, contra las 900-1000 horas de una común.

Esto no es poco. Según los datos de la Cámara Argentina de Industrias Electrónicas, Electromecánicas y Luminotécnicas (Cadieel), el consumo de energía en los hogares argentinos representa el 36% del total. Un 12% de esa cifra, según indicaron, corresponde a iluminación.

"Siempre a los clientes les hago hincapié en el tema de la cantidad de tiempo de encendido, porque para qué van a hacer una inversión de 14 o 20 pesos en un baño si con $ 5 se las arreglan bien", opinó Luis Riesca, vendedor del comercio 100.000 Lámparas.

Efecto parcial

En lo inmediato, el reemplazo aliviaría relativamente al sistema energético general y, menos aún, al bolsillo del usuario residencial. "El cambio de lamparita no es la solución, porque si el ahorro de la primera etapa es del 1,2% (con las 5 millones de lámparas de bajo consumo que impulsa el Gobierno) y la economía crece al 8% anual, la mejora será absorbida en menos de 60 días", consideró Hugo Allegue, de la Asociación Argentina de Luminotecnia (AADL). "La conveniencia económica para el usuario -añadió- se haría más notoria si aumentaran las tarifas de luz. Claro, el cambio es válido para las lámparas que se prenden una vez al día y se las tiene funcionando varias horas."

En realidad, la sustitución de lámparas no es un invento argentino. En Inglaterra, en algunos estados norteamericanos, en Cuba y Australia la iniciativa comenzó hace tiempo. Y, también, hay defensores y detractores (menos en Cuba, cabe añadir).

En España, donde la discusión está de moda, el Instituto de Microelectrónica de Madrid señaló que estas lámparas pueden resultar contaminantes cuando caen al suelo y se desperdigan sus componentes. En ese país, no obstante, hay sitios de Internet, como Hoy Cambio Mi Bombilla, que reclaman directamente la prohibición de las lámparas normales para colaborar en la lucha contra el cambio climático. "Es necesario hacer conocer a la población que las lámparas de bajo consumo contienen una carga de 5 miligramos de mercurio y también fósforo y que ambos agentes son contaminantes y con efectos nocivos para la salud", expresó la ingeniera Graciela Gerola, de la Agencia de Protección Ambiental de Buenos Aires.

En el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) descartaron que estos focos encierren algún peligro para la salud. En cambio, advirtieron, luego de analizar el funcionamiento de 544 lámparas de bajo consumo en el laboratorio de luminotécnia del Centro de Física y Metrología que la mayoría "gastan casi lo mismo que las incandescentes, iluminan poco y duran menos", sostiene el informe.

En la Argentina no se fabrican. Todos estos productos provienen de China y, en algunos casos, suelen venderse en forma genérica, sin marca. "Muchas vienen preparadas para el mercado europeo, que utiliza una corriente de 230 voltios, mientras que en la Argentina se usan 220 voltios, lo cual significa una pérdida de tensión del 5%", considera el informe del INTI.

Los expertos locales que apoyan el empleo de estos dispositivos señalan que el cambio es sólo una cuestión de acostumbramiento. No descartan, de todos modos, el hecho de que estas lámparas demoran dos minutos en exponer toda su potencia lumínica desde que se encienden y que la amortización del costo sólo llega a los tres años de uso. Tampoco que la luz puede resultar "más fría" si no se opta por las más caras del mercado, denominadas "cálidas".

"Es un atavismo eso de quedarse con algo viejo. Las lámparas de bajo consumo no son feas. Es cuestión de acostumbrarse", dijo el presidente de Cadieel, Ramiro Prodan. "Lo importante es que la población tome recaudos, porque en algún momento va a faltar energía y es necesario crear una conciencia solidaria", consideró el representante de Cadieel.

 

Por: Franco Varise

Fuente: La Nación

 

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