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La electricidad nos quita el sueño
22/06/2011
Tener lámparas, radio despertadores o teléfonos inalámbricos en la mesilla de noche; dormir pared con pared con máquinas electrodomésticas o mantener el ‘router wifi’ encendido durante todo el día podrían favorecer la aparición desde trastornos del sueño y dolores crónicos hasta enfermedades psicosomáticas.

Nos rodean por todas partes, a cada instante. Nos ayudan a trabajar, organizarnos, aprender, divertirnos, comunicarnos, producir información y a desarrollar las incontables actividades que caracterizan a una sociedad moderna. La vida sin ellos se nos antoja imposible, al menos tal y como la conocemos.

Los aparatos eléctricos, sin duda, son uno de los principales motores del progreso en todo el mundo y han permitido que el ser humano se libere de infinidad de tareas a menudo fastidiosas, como lavar la ropa y la vajilla, o disfrutar otras actividades innovadoras, como hablar cara a cara con otra persona que se encuentra a miles de kilómetros gracias al ordenador, la webcam e Internet.

Aunque los aparatos eléctricos también presentan algunos riesgos para la salud, más allá del obvio peligro de producir quemaduras por un cortocircuito o un calambrazo o electrocución.

Neveras, ventiladores, radio-cadenas, televisores, equipos informáticos y un largo etcétera. Los circuitos, resistencias, cableados, bobinados y otros elementos que llevan en sus entrañas de metal, plástico y cerámica, generan campos electromagnéticos cuando circula por ellos la electricidad.

¿Tiene un sueño inquieto? ¿Se levanta con sensación de no haber descansado? ¿Tiene pesadillas, habla en sueños? ¿Tiene cansancio crónico o, en general, sensación de falta de energía y desvitalización? ¿Tiene dolores de cabeza frecuentes y su médico no los atribuye a nada concreto?

Si ha contestado afirmativamente a estas preguntas, que forman parte de un amplio test de salud geoambiental, es posible que esté sufriendo los efectos de la electricidad que circula por su casa o lugar de trabajo, según los expertos de la Fundación para la Salud Geoambiental (FSG).

La FSG (www.saludgeoambiental.org) es una nueva organización sin ánimo de lucro que impulsa una mejora en la salud de las personas y los lugares que habitan, y promueve la investigación sobre las radiaciones naturales y artificiales y sus efectos en los seres vivos.

Según la FSG, la sobreexposición a radiaciones y campos electromagnéticos puede causar desde cansancio inexplicable hasta graves alteraciones en el sistema inmunológico.

Para Fernando Pérez, vicepresidente de la FSG, “vivimos en un océano electromagnético. Nuestros órganos vitales funcionan mediante impulsos eléctricos, y eso es lo que mide un electrocardiograma o un electroencefalograma, por ejemplo”.

“Por tanto —prosigue el experto— el estar sobreexpuesto a radiaciones naturales y artificiales interfiere con nuestros ritmos biológicos y tiene consecuencias para nuestra salud”.

“Los síntomas pueden variar desde un cansancio inexplicable y dolores de cabeza, pasando por el insomnio o las dificultades de concentración hasta manifestaciones más graves, como disfunciones en el sistema endocrino, reproductor o inmunológico, que pueden derivar en tumores”, según Pérez.

 

 

Electricidad natural y artificial

Según explica el vicepresidente de la FSG, “las radiaciones pueden tener un origen natural, procedentes del subsuelo (alteraciones geofísicas, redes geomagnéticas naturales, radiactividad ambiental, gas radón…), o artificial (antenas de telefonía, wifi, teléfonos inalámbricos, instalaciones eléctricas mal realizadas, suelos y techos técnicos…)”.

“En los cientos de viviendas que he analizado durante mi vida profesional, en la mitad de los casos he encontrado un problema de radiaciones naturales en el lugar donde se situaba la cama, que es donde más horas al día permanecemos y, por tanto, donde estamos más expuestos. El 80 por ciento de las viviendas están construidas sobre una perturbación geofísica”, detalla Pérez.

Por su parte, el director general de la SFG, Ezequiel Cabado, opina que “conocer el peligro de una sobreexposición a radiaciones naturales y artificiales es crucial, puesto que reducir sus emisiones es sencillo si comprendemos bien los riesgos”.

“En todos los hogares y oficinas hay focos de potentes radiaciones que casi todo el mundo considera inocuos. Es el caso de las redes inalámbricas para Internet (wifi) o los teléfonos inalámbricos, cuyo impacto puede reducirse fácilmente con unas medidas básicas, que son especialmente importantes en los lugares donde se pasan más horas”, señala.

En ese sentido, Fernando Pérez recomienda “estudiar bien dónde se sitúan los lugares de alta permanencia, como la cama y el puesto de trabajo, para garantizar que no están expuestos a alteraciones electromagnéticas procedentes de accidentes geofísicos del subsuelo o de redes geomagnéticas naturales”.

También aconseja “retirar todos los dispositivos electrónicos de la cabecera de la cama, apagar el ‘router wifi’ si no se está usando, no colocar una cama junto a un tabique en el que al otro lado estén conectados electrodomésticos, así como utilizar el manos libres en el móvil, entre otras medidas de autoprotección”.

“La tecnología avanza a pasos agigantados y cada vez estamos expuestos a más fuentes de radiación. No se trata de ser alarmistas ni de dar la espalda al progreso, sino de conocer todos los riesgos y saber manejarlos”, señalan los expertos de la FSG.

 

 

 

Fuente: ABC Digital

 

 

 

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