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Energías limpias para el futuro
05/06/2011
El agotamiento del petróleo y la alarma nuclear tras el tsunami en Japón actualizan el debate sobre el futuro energético. En el Día Mundial del Medio Ambiente, un informe sobre el desarrollo en nuestro país de industrias basadas en la fuerza del viento, el sol y otros recursos renovables.

En lo que va de 2011, dos acontecimientos mundiales reavivaron el debate energético mundial. Primero fueron los conflictos bélicos en los países petroleros de Africa. Luego llegó un devastador terremoto seguido de tsunami que asoló a Japón y provocó desperfectos en una de sus catorce centrales nucleares. Por un lado, los expertos coinciden en que -años más, años menos- la era de las energías fósiles, sobre la que se asienta gran parte del progreso mundial, está llegando a su fin. Por otra parte, las explosiones y el peligro de fugas radiactivas en la central de Fukushima despiertan resquemores hacia la energía nuclear, una alternativa que se consideraba viable para reemplazar al petróleo.

Pero hay una alternativa, y está en la naturaleza: la energía renovable que nos regalan el sol, el viento, el mar, las abundantes cosechas de las pampas, los ríos y océanos, y hasta la basura que tiramos. La Argentina tiene un enorme potencial en prácticamente todas ellas: "Eólica en la Patagonia y el sur de la provincia de Buenos Aires, solar en el Noroeste, geotermia a lo largo de la Cordillera, biodiésel de primera generación (utilizando soja como materia prima) en la pampa húmeda; biodiésel de segunda generación (en base a cultivos no comestibles como la jatrofa) en la pampa seca; etanol de azúcar en el Norte y biomasa en la Mesopotamia", enumera Carlos St. James, presidente de la Cámara Argentina de Energías Renovables (Cader). "Dios estaba de buen humor cuando creó nuestro país -bromea el titular de la cámara de Renovables-. Actualmente somos el cuarto productor mundial de biodiésel y el principal exportador." En materia de enegía eólica, la Patagonia argentina tiene un potencial de generación enorme (2000 gigavatios), del que no llega a aprovechar ni el 1%. Son 30 megavatios (Mw) instalados, a los que se sumarán en los próximos años 754 del programa nacional Genren de apoyo a las energías renovables.

Actualmente, la matriz energética argentina se asienta en un 80% de combustibles fósiles, con una pequeña participación de hidroeléctrica y nuclear. Esto deberá cambiar para 2016, según lo establece la ley 26190 de fomento a las energías renovables. Según con esa normativa, cuando festejemos el Bicentenario de la independencia patria, el 8% del consumo energético nacional deberá provenir de fuentes limpias (hoy esa proporción es del 5%, de acuerdo el informe (R)revolución Energética, de Greenpeace).

El programa nacional Genren es un primer paso para cumplir con la meta. A mediados de 2010 puso en marcha la licitación de 895 megavatios para proyectos eólicos, biocombustibles para generación térmica, pequeñas centrales hidroeléctricas y energía solar. El 84% (754 Mw) correspondió a generación eólica.

 

 

Viento a favor

En la última década, la capacidad eólica instalada a nivel mundial se multiplicó por diez. Esta industria viene creciendo a tasas de dos dígitos desde hace 6 años, un nivel sólo comparable con el de Internet y la telefonía celular. Es uno de los sectores que mayor cantidad de inversiones atrae, y empleará a más de un millón de personas en el mundo para 2012, según un reporte de la World Wind Energy Association (WWEA).

La Argentina estaba rezagada en esta materia, pero con la puesta en marcha de los proyectos licitados en el Genren, "no sólo se está avanzando en la implantación de granjas eólicas, sino que el país se está constituyendo en un proveedor internacional de generadores eólicos, creando nuevos puestos de trabajo sustentables", se entusiasma Alejandro Giardino, de la Asociación Civil Energía Sustentable (ACES).

El primer promotor de la energía eólica (y actual líder tecnológico) fue Dinamarca. En un principio, el pequeño país europeo buscaba su independencia energética. Las razones de cuidado ambiental vinieron después. Eran proyectos de baja escala, para abastecer las explotaciones agropecuarias. Algo similar ocurrió en la Argentina en las décadas del 80 y 90. Los pioneros del impulso eólico fueron cooperativas, propietarias del 98% de los aerogeneradores de baja potencia que funcionan en el país.

No genera polución, puede convivir con otras actividades (como explotaciones agropecuarias en los campos donde se instalan los molinos) y es un mecanismo de desarrollo limpio que reduce emisiones de gases de efecto invernadero. La actividad eólica tiene múltiples ventajas y pocos inconvenientes. Entre estos últimos, el más serio es la distancia de los centros de generación respecto de los centros urbanos y de consumo (en la Patagonia o en zonas poco pobladas, como el Parque Arauco en La Rioja, que es hasta el momento la mayor granja eólica del país). Por esto, el aprovechamiento integral de la energía del viento requerirá grandes inversiones en infraestructura y -al igual que ocurre con el resto de las energías limpias- el abandono de los subsidios a los combustibles fósiles, para volverlas competitivas frente a la energía convencional.

 

 

El sol siempre está

De todas las energías renovables, la que viene del sol es la que ofrece mayor potencia, aunque sólo una pequeña parte puede ser aprovechada. Según la Asociación Internacional para la Investigación sobre Energía Solar, "en un solo día, la luz que llega a la Tierra produce energía suficiente para satisfacer durante ocho años la actual demanda energética a nivel mundial". Y aunque sólo un porcentaje de ese potencial es técnicamente accesible, resulta suficiente para generar casi seis veces la energía necesaria en el mundo de hoy. Ante todo, es preciso diferenciar dos tipos de energía provenientes del sol. La energía solar térmica genera calor para obtener agua caliente hasta unos 80ºC y puede ser usada para la ducha, el lavado de platos, cocinar alimentos o calefacción del hogar o la piscina. En tanto, la solar fotovoltaica transforma la energía del sol en electricidad por medio de paneles fotovoltaicos. Esta electricidad puede hacer funcionar artefactos de bajo consumo (desde una calculadora hasta un cargador de celular), almacenarse en baterías o conectarse a la red.

La Argentina cuenta con importantes niveles de radiación solar a lo largo de su territorio, sobre todo en el Norte. En el caso de la energía fotovoltaica, "llevamos algunos pasos atrás respecto de otros países y además hay un solo fabricante nacional de paneles", dice Gustavo Gil, del área de Energías Renovables del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI).

"Las aplicaciones térmicas tienen mayores posibilidades de desarrollo ya que es una tecnología simple que puede ser desarrollada localmente. En países como España ocupa a más de 5000 personas entre empleo directo e indirecto", continúa Gil. Por otra parte, "la energía solar térmica es una alternativa para la población no conectada a la red de gas, que generalmente es la de menor poder adquisitivo y suele pagar más cara la energía", destaca Martín Cordi, uno de los responsables de la Plataforma Solar Térmica del INTI, que asesora y evalúa a fabricantes nacionales de termotanques solares. El programa incluye su instalación en barrios populares junto a ONG y organismos municipales.

 

 

Fuerza natural

De las profundidades mismas de la tierra, del movimiento del mar y del hidrógeno, el elemento más abundante en el universo, también se puede extraer energía. Los científicos argentinos ya han pensado en eso. Y algunas soluciones están en marcha. En el primer caso, se trata de la energía geotérmica, aquella que brota en las aguas termales. Además de las propiedades terapéuticas, esa agua y vapor pueden usarse para mover turbinas de generación eléctrica. En las cercanías de las termas de Copahue, en la provincia de Neuquén, se está construyendo una planta geotérmica que en 2015, cuando esté plenamente operativa, aportará unos 230 gigavatios por hora, casi la cuarta parte de la actual demanda energética provincial.

El movimiento de las mareas, además de influir sobre el ciclo lunar, puede generar energía. El mecanismo se basa en aprovechar la marea alta para almacenar agua, y liberarla durante la bajamar para activar turbinas de generación eléctrica. El litoral marítimo de Chubut y Santa Cruz es una de las zonas del mundo con mejores condiciones para explotar este recurso. Menos explorada ha sido la energía undimotriz, generada a partir del movimiento de las olas. Un estudio de la consultora Frost & Sullivan destaca que la energía del mar podría satisfacer el 20% de la demanda de energía eléctrica mundial.

En tanto, en la Planta Experimental de Hidrógeno de Pico Truncado, en la provincia de Santa Cruz, se logró por primera vez la producción y posterior almacenamiento de hidrógeno combustible a partir de energía eólica. Ya que este elemento no existe en forma aislada en la naturaleza, es preciso separarlo por medio de la electrólisis del agua, con lo que se obtiene vapor, hidrógeno y oxígeno. En Pico Truncado el proceso se realiza a partir de la energía del viento. Entre sus aplicaciones, se destaca un módulo de energía limpia enviado a la Antártida (hoy en reparación por inconvenientes climáticos) y la reconversión de un motor naftero a un sistema dual (gas natural comprimido + hidrógeno o nafta) para camionetas de uso municipal.

 

 

Todo en su justa medida

La mayoría de los especialistas estima que el Peak oil, el punto en que el consumo de petróleo supere las limitaciones técnicas y geológicas existentes en el mundo, ocurrirá hacia 2020.

La solución al problema no está en una fuente energética, sino en "una combinación de eólica, solar, hidroeléctrica, biomasa y fisión nuclear", apunta Arnaldo Visintin, investigador del Conicet en el Instituto de Investigaciones Fisicoquímicas Teóricas y Aplicadas (Inifta) de la Universidad de La Plata).

Todas tienen sus pros y sus contras, apunta Visintin, quien también afirma: "La energía hidroeléctrica tiene diez veces más potencia que la geotérmica, solar y eólica juntas". Pero requiere grandes reservorios de agua y exige inundar extensas áreas, desplazando cultivos, bosques y poblaciones. Además, las grandes represas acumulan sedimentos que al descomponerse producen más metano y CO2 que la energía fósil que ahorran.

Para este investigador la energía nuclear sigue siendo una alternativa viable dado el background tecnológico y las cuantiosas reservas de uranio que posee la Argentina. Sin embargo, aún no hay solución para el tratamiento de los residuos radiactivos y las plantas no son inmunes a accidentes, como quedó demostrado durante el último tsunami en Japón (ver recuadro) y en la catástrofe de Chernobyl de 1986.

En tanto, la energía eólica se presenta como una de las más competitivas y con perspectivas de más rápido crecimiento en el mediano plazo. Sin embargo, "al depender de la intermitencia del viento, no se pueden cargar las redes eléctricas con más del 20% de eólica", expresa Visintin. Algo similar ocurre con la energía solar. "Durante la fotosíntesis, los vegetales, sólo aprovechan el 1% de la radiación solar. Hoy, los paneles solares comerciales pueden convertir del 12 al 18% en electricidad (algunos llegan al 20%). La cuestión es que los días nublados y las horas de oscuridad obligan al almacenamiento de esta energía, algo que técnicamente aún no está plenamente resuelto.

En definitiva, más allá de la tecnología que se use, la única forma de reducir emisiones de gases invernadero y evitar una crisis energética y climática en el corto plazo, es la utilización eficiente y racional de la energía disponible. Cada persona puede hacer su aporte para minimizar el desperdicio energético y reducir su propia huella de carbono, con medidas a su alcance como utilizar lamparitas de bajo consumo, desconectar aparatos eléctricos en lugar de dejarlos stand by, usar el transporte público o la bicicleta en lugar del auto (para ampliar, ver recuadro ¿Cómo hacer un uso eficiente de la energía?).

El esfuerzo individual parece inútil, pero multiplicado por millones de habitantes del planeta puede lograr la diferencia. Lo importante es informarse. "Sólo comprendiendo la magnitud renovadora de las energías limpias podremos dejar atrás la era fósil-dependiente", grafica Federico Spitznagel, periodista especializado en energías renovables. La gran esperanza está en las nuevas generaciones. Los niños y los jóvenes de hoy son mucho más sensibles y conscientes de la necesidad de un cambio. Aunque tendrán que hacerlo rápido: queda menos tiempo.

 

 

Por: María Gabriela Ensinck

Fuente: La Nación

 

 

 

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