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Para desarrollar minúsculas "biopilas", obtuvo electricidad... de un cactus
16/02/2011
Una investigadora argentina llama la atención en Francia. El diario Le Monde le dedicó una nota al estudio de Victoria Flexer, doctorada en la UBA.

Muy lejos de la formulación inicial de la pila, el genial invento que en 1800 el físico italiano Alessandro Volta describió en una carta a la Royal Society (una serie de discos de zinc y cobre separados por cartón o fieltro impregnados de agua o salmuera), la joven química argentina Victoria Flexer desconcierta a los visitantes que pasan por el laboratorio del Centro de Investigaciones Paul Pascal, en la Universidad de Burdeos, Francia, cuando planta dos electrodos cubiertos de enzimas en un cactus y muestra cómo un equipo electrónico (potenciostato) registra el pasaje de una mínima corriente eléctrica. La científica acaba de producir electricidad... ¡con una planta!

Por supuesto, el objetivo de Flexer, que está en Francia cumpliendo con una beca posdoctoral y cuyo experimento fue tan interesante como para atraer la atención de uno de los más tradicionales diarios franceses, Le Monde, va mucho más allá de la sorpresa del no iniciado: la investigadora, doctorada en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA (en el Instituto de Química Física de los Materiales, Medio Ambiente y Energía, Inquimae), trabaja en el desarrollo de pilas en miniatura que en lugar de metales utilicen glucosa y oxígeno para producir electricidad.

"Una pila es un dispositivo que convierte energía química en energía eléctrica -cuenta Flexer desde su oficina en el departamento de bioceldas de combustible y biocaptores de la Universidad de Burdeos-. Además de la glucosa y el oxígeno, necesitamos un catalizador, y nuestra idea es usar un elemento natural, como las enzimas producidas por hongos, bacterias, levaduras, etcétera. Son baratas, fáciles de producir e inagotables."

Las enzimas son catalizadores biológicos altamente específicos. En una mezcla muy compleja, como la sangre humana, una enzima (en el cátodo) debería reaccionar con la glucosa y otra (en el ánodo) con el oxígeno.

La principal ventaja de una pila "biológica" es que sería un dispositivo totalmente inocuo, limpio y atóxico. La desventaja es que produce mucha menos corriente que la tradicional. Por eso, los científicos imaginan que su utilidad podría estar en la alimentación eléctrica de dispositivos implantados en el cuerpo humano. Por ejemplo, sensores subcutáneos para medir el nivel de glucosa en personas diabéticas. También podrían dar vida a juguetes infantiles, lo que eliminaría el peligro en caso de ingestión...

"Con estas pilas no vamos a salvar al mundo del problema energético -aclara Flexer-. Una de las limitaciones es que están pensadas para implantarse no muy profundamente y que puedan ser cambiadas con cierta frecuencia, ya que pueden durar uno o dos meses. La colocación debería poder hacerla el paciente mismo o su tutor, con una operación similar a la de ponerse un arito."

Tratándose de un laboratorio de investigación básica, los científicos primero midieron la efectividad de la pila in vitro. "Después pensamos en qué otro lugar podíamos encontrar glucosa y oxígeno, y se nos ocurrió usar el cactus", comenta. Lo singular del caso es que para recargar estas pilas bastaría con unas gotitas de agua azucarada...

 

 

 

Fuente: La Nación

 

 

 

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