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La red funciona al límite y el consumo es excepcional
29/12/2010
Se combina la mayor demanda estacional con la inestabilidad del sistema. Las penurias que sufren los miles de usuarios que están sin luz responden a una combinación de factores derivados de la coyuntura y de los problemas estructurales que arrastra el área de distribución eléctrica.

Entre las razones temporales se encuentran la mayor demanda originada por las altas temperaturas y la marcada incidencia que tiene el uso de los aires acondicionados.

En tanto, entre las cuestiones de fondo sobresalen una red de suministro que funciona al límite y varios años de inversiones insuficientes que no acompañaron el incremento del consumo.

A diferencia de lo que pasó a fines de los 80 con los apagones programados y en el invierno de 2007 con los cortes a las industrias, ahora no hay inconvenientes con la producción de energía. Si bien opera con una reserva mínima, el parque generador está abasteciendo toda la demanda sin necesidad de importar energía eléctrica de los países vecinos.

Por el lado del transporte, tampoco se registran contratiempos y toda la producción de las usinas llega en forma normal a los centros de consumo.

El gran problema radica en el sector de distribución que enfrenta un doble jaque por la mayor demanda veraniega y la inestabilidad de sus redes.

Según el Servicio Meteorológico, la temperatura promedio de diciembre es casi 4 grados más elevada que la del mismo mes de 2009. Ese mayor calor provocó en la Capital y el Gran Buenos Aires un aumento interanual del consumo eléctrico del 13%.

Buena parte de ese incremento se explica por los aires acondicionados que ocasionan dos picos diarios bien marcados de consumo: uno, alrededor de las 15 horas y el otro, entre las 21 y 22 horas.

El uso prolongado de los aires dispara dos grandes tipos de fallas: la salida de servicio de las cámaras de distribución que alimentan a varias manzanas y el recalentamiento de los cables subterráneos que afecta el suministro de las calles más pobladas.

Cuando los circuitos de protección desconectan una cámara para que no levante temperatura, varias cuadras quedan sin luz y la reconexión demora entre 6 y 12 horas.

En cambio, cuando los cortes son por recalentamiento de los cables subterráneos el tiempo de rehabilitación depende del daño causado. Si sólo se afecta un tramo pequeño, el recambio de cables puede demorar entre 4 y 8 horas. Pero si la avería es más amplia, se tienen que levantar las veredas y el tiempo sin suministro puede extenderse entre 1 y 5 días.

A la hora de defenderse, las distribuidores Edenor y Edesur sostienen que la situación es excepcional y que la mayor parte del año no hay cortes. Agregan que pese a tener sus ingresos congelados, siguen invirtiendo para mejorar las condiciones de suministro.

Pero para los usuarios afectados no hay explicación que valga y lo único que quieren es volver a tener luz cuanto antes.

 

 

Los shoppings, a media luz

Qué es beige, cremita o gris. Susana Martínez y su hija no lograban ponerse de acuerdo. Se apretujaban contra la luz del probador, acercaban el pantalón a la lámpara y nada. “Es marrón clarito”, sentenció la vendedora en medio de la penumbra de un local de ropas en el Alto Palermo.

“Sin luz, pero con aire”, se consoloban los vendedores del shopping de Barrio Norte en su segundo día dentro del plan de ahorro de energía que afectó a buena parte de los centros comerciales de la Ciudad.

Si ayer sólo un ojo de lince –o un vendedor memorioso– podía encontrar la diferencia entre beige y marroncito, el lunes, el espectáculo fue peor. “Ah, no sabés lo que fue esto...¡impresentable!”, se quejaba Juan de un local de ropa deportiva en el último piso, allí donde las inmensos ventanales de vidrio pensados para disfrutar del cielo en el patio de comidas se convirtieron en una lupa gigante que achicharraba a los que cruzaban debajo.

Por orden de la administración se ordenó cortar el aire acondicionado para evitar que todo el shopping quedara sin luz. Así, todos los que fueron a buscar un poco de fresco en una ciudad acalorada se encontraron dentro de un horno.

“Fue un espanto”, se lamentaba Oscar, el pizzero del patio de comidas que tuvo que sacar las pizzas sin una gota de aire. “Te morías”, se quejaba Juan, el que vende cintas de correr en el último piso, justo debajo del techo de vidrio.

Voceros de la empresa contaron que hoy el aire volvió, pero con menor intensidad de la habitual y que el objetivo es sumarse al ahorro de energía. Por eso, ayer, ni las luces del arbolito escaparon al ahorro.

 

 

 

Fuente: Clarín

 

 

 

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