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Energía: la importación avanza y el superávit va camino a desaparecer
30/08/2010

Es un dato conocido que, desde hace meses, todas las importaciones vuelan. Hay otro en las mismas estadísticas del INDEC, menos visible pero igualmente significativo: el notable achicamiento del superávit comercial energético .

En los primeros siete meses, el saldo entre exportaciones de combustibles y energía e importaciones ascendió a 904 millones de dólares. Contra US$ 2.184 millones del mismo período de 2009. Y US$ 1.837 millones de 2008, un año con actividad económica comparable a la actual.

Esto no significa otra cosa que deterioro de la estructura energética nacional y, consecuentemente, dependencia del exterior. Se exporta menos porque no hay y se importa más porque falta.

Entre enero y julio, las compras de "combustibles y lubricantes" –tal como el INDEC denomina al rubro– alcanzaron a US$ 2.752 millones, un 69 % por arriba del año pasado. Con sólo ampliar un poco la perspectiva, surge un salto del 179 % respecto de 2006, o sea, en apenas cuatro años.

Es una visión decididamente parcial atribuir semejante fenómeno a la fuerte suba de los precios internacionales, porque lo que vale para las importaciones también le cabe a las exportaciones. Y éstas, en lugar de crecer, cayeron un 20 % comparadas con las de 2006.

El repliegue del superávit energético sería aún mayor, según un comentario ya corriente en el sector. Dice que la cuenta de importaciones del INDEC deja afuera, entre otras cosas, a las compras de electricidad a Brasil. Que alcanzaron niveles récord en julio y, además, salieron muy caras.

Algo semejante se había sospechado en 2008, cuando la economía traccionaba demanda de energía como ahora y la falta de abastecimiento era ostensible.

Existen números recientes que aportan al cuadro general. Entre el 1° de julio y el 13 de agosto, el Gobierno sacó $ 3.598 millones de otras partidas presupuestarias para atender los costos que acarrean los subsidios y la importación. Eso equivale a US$ 900 millones, en menos de un mes y medio.

Claramente dibujada, la cuenta Formulación y Ejecución de la Política Energética, donde están los subsidios, había arrancado el año con $ 6.000 millones. Al 22 de agosto, ya tenía computados 10.320 millones: en una sola partida hay tanto como el 60 % del presupuesto anual del Ministerio de Salud.

Pero eso es apenas una fotografía del momento. Ya se ha consumido el 98 % de la cuenta ampliada, lo cual equivale a decir que será necesario inyectar muchísima más plata en lo que resta del año.

Queda claro, así, que el Gobierno gasta una montaña de dinero para tapar el agujero energético . Si esto no es la crisis que el ministro Julio De Vido niega empeñosamente, se le parece bastante.

Los especialistas conocen de sobra el trasfondo del proceso: pasa simplemente que desde hace años la producción de gas y petróleo están en caída libre. O peor: por ausencia de inversiones en exploración, también bajan sin pausa las reservas.

Más de lo mismo aparece en el notable crecimiento del consumo de gas oil, que va camino a duplicarse entre 2007 y 2010. Eso revela la manifiesta insuficiencia de gas natural para abastecer a las centrales térmicas.

Mucho de ese remedio, caro y poco eficiente, se adquiere en el exterior. Y la tendencia seguirá en ascenso, pues buena parte de la nueva generación que incorpora el Gobierno se basa en el uso de gas natural o, al fin, de gas oil.

Hay, pues, un cuello de botella presente y un horizonte comprometido a corto plazo. A quienes habían advertido, ya en 2004, que esto iba a pasar el Gobierno los llamó agoreros. Y obviamente desatendió de plano sus recomendaciones de poner en marcha, cuanto antes, un programa que asegurara el abastecimiento.

Encubrir la realidad a puro gasto público no es desde luego un plan. Tampoco, importar electricidad, gas, gasoil, fuel y gas licuado para reconvertirlo en gas natural, en cantidades siempre crecientes. Menos lo es aplicarles cortes de todo tipo a las industrias, para evitar que la escasez llegue a las casas de familia.

Un rumor de estos días, en el sector privado, cuenta que la Secretaría de Energía pasaría a depender directamente de la Presidencia de la Nación , con la consiguiente salida de su titular, Daniel Cameron. Este es un funcionario que acompaña a los Kirchner desde 2003, aunque pocas veces se lo consulta y a menudo sus iniciativas naufragan en Olivos.

Hay otro antecedente que podría pesar en la eventual decisión. Las costosas centrales hidroeléctricas que se construirán en Santa Cruz figuraban, por razones técnicas y económicas, en los últimos lugares de un ranking de obras elegidas en el área de Cameron.

Cualquiera sea la suerte del funcionario, difícilmente se modifique el rumbo de un superávit energético que marcha rumbo a su extinción. Y las importaciones de lo que venga seguirán en aumento, porque no hay otro remedio, ni Guillermo Moreno que valga .

 

 

Fuente: Clarín

 

 

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