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“La Argentina puede ser la Arabia Saudita de las energías renovables”
29/06/2010
Entrevista a Carlos St. James, presidente de la cámara argentina de energías renovables.

La industria de energías renovables es una de las más pujantes en el mundo. Entre 2000 y 2008, la energía eólica creció un 24% al año, el biodisesel un 31% y la energía solar nada menos que el 53%. Con este ritmo, en 2007 alcanzó un volumen de negocio de 630.000 millones de euros, superando a megaindustrias como la farmacéutica, de acuerdo a datos del informe “Clean Economy, Living Planet” de la World Wildlife Fund (WWF). Es más, de acuerdo a los pronósticos de este estudio, el mercado de las energías renovables va a ser la tercera industria más grande a nivel global en 2020, con una facturación de 1.600.000 millones de euros.

Pero la mejor noticia de todas es que la Argentina tiene todos los números para ganar en este nuevo escenario de energías limpias. Nuestro país cuenta con todos los recursos naturales para poder desarrollar estas energías, desde eólica, pasando por solar y biocombustibles. El presidente de la Cámara Argentina de Energías Renovables, Carlos St. James, repasa las bondades de nuestro país en esta materia y hasta se anima a decir que esta industria permitirá a la Argentina volver a ser la potencia que fue hace 100 años.

 

¿Cómo describiría el potencial de la Argentina, en materia de energías renovables?

En el siglo XXI, la Argentina está muy bien parada para todo lo que son las energías renovables: eólico, solar y también biocombustibles.Tenemos una gran oportunidad para el país. Hoy ya somos el cuarto productor de biodiesel y estamos empezando a posicionarnos en lo que es energía eólica. Tenemos muy buenas chances por los vientos de la Patagonia. Estamos viendo que así como hubo una primera ola de inversiones en biocombustibles, esta año se va a dar la segunda ola, que va a ser en energía eólica.

 

¿Cuáles son las ventajas que tenemos como país?

La Argentina es el tercer mejor lugar del mundo para energía solar, gracias a la calidad y cantidad de sol que hay en el Noroeste. La dificultad reside en que se trata de una zona lejos de la red, que atiende al gran consumo de la Capital y la Provincia de Buenos Aires.

Eólico es caro, pero a nivel mundial se trata de una industria más madura. Si se instalara una granja eólica en la Patagonia, las hélices trabajarían un 50% más de lo que funcionan en el mejor de los casos en Europa. Es realmente un sueño: esto se debe a la cantidad y calidad del viento. Los que están en la industria eólica están todos queriendo invertir en la Argentina, que es algo que no se da muy seguido.

Ya tenemos empresas europeas y americanas, que tienen la personería jurídica y están esperando que se largue la carrera. Muchas de estas empresas tienen oficinas acá con dos o tres ingenieros y están midiendo dónde poner un parque eólico Lo que estamos esperando es un marco legal que sea atractivo para los inversores y se empiece a explotar esta energía.

 

¿Cuáles son las principales barreras?

Se dan varios factores. Los parques eólicos son inversiones a largo plazo, cuestan mucho y la amortización requiere de varios años. El inversor requiere de una promesa del gobierno o de la entidad eléctrica, que le garantice un retorno o que le asegure que le va a comprar la electricidad a un monto determinado a largo plazo, un mínimo de 10 años. Lamentablemente, la Argentina no tiene buena reputación en materia de mantener las promesas. El próximo reto es lograr convencer a las instituciones financieras del mundo de que financiar renovables en el país va a ser una buena apuesta para ellos.

En 2008, por ejemplo, se invirtieron u$s 12.000 millones en energías renovables en Latinoamérica. Y u$s 10.000 de esos millones se invirtieron en un solo país: Brasil. Lo único que hacen mejor que nosotros es el etanol por la caña de azúcar que tienen. El resto -viento, sol y los otros biocombustible- son mejores en Argentina. Pero la consistencia de sus políticas lo hacen más atractivo para los inversores. Sin esta confianza nos va a costar más despegar.

 

De todas maneras, algún movimiento ya se está registrando.

Es cierto. Hay mucha expectativa. El mercado se está empezando a mover de la mano de una iniciativa de Enarsa, llamada Genren. Pidieron que 1.000 Megawatz de energías renovables se produjeran en el país y en diciembre, de la mano de 52 proyectos, se ofrecieron más de 1.400, un súper éxito. De ese total, 1.100 fueron de eólico, el claro favorito. Este movimiento da cuenta del interés que hay en el mundo por invertir en energías renovables en nuestro país.

 

¿Qué otros beneficios trae aparejado el desarrollo de esta industria para el país?

Una vez que se vayan desarrollando estas industrias, la Argentina va a estar bien posicionada porque va a atraer otro tipo de inversiones. Cuando una empresa busca, por ejemplo, poner una planta de computadoras, cada vez más tiene en cuenta qué países tienen fuentes de energía renovables no contaminantes. Va a ser un gancho para atraer otro tipo de inversiones.

Otra de las ventajas de esta industria es que el tipo de fuentes de trabajo que genera es muy siglo XXI. No son trabajos en fast food: son ingenieros eólicos, técnicos solares, expertos en biocombustibles... Tenemos esa ventaja también.

No hay otra industria que pueda volver a la Argentina a lo que fue hace 100 años, un país grande y rico. Estamos bien posicionados. Sólo se deben dar un par de variables. No es algo difícil, hace falta que todos vean esta oportunidad. En estos temas, la Argentina está destinada a ganar: tiene una gran ventaja competitiva. Este siglo va a ser conocido como el de las energías renovables y la Argentina puede terminar como la Arabia Saudita de las energías renovables.

 

Fuente: El Cronista

 

 

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