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Protesta contra una subestación eléctrica
07/02/2009

"No nos oponemos al progreso. Lo único que pedimos es que no se haga a costa de nuestra salud, embargando el futuro de nuestros hijos.” Son mucho más que un puñado de vecinos de Ituzaingó, al oeste del conurbano bonaerense, los que coincidieron en el reclamo. El grupo, en su mayoría vecinos del barrio Las Naciones, se formó a mediados de 2008, cuando recibieron la noticia fatal: un terreno baldío de seis mil metros cuadrados, ubicado a no más de 500 metros de sus casas –a algunos sólo los separa una calle– será el destino de una subestación transformadora de tensión, con dos transformadores de 132 mil voltios, perteneciente a Edenor. Las tierras ya son de la empresa, aunque aún no solicitó los permisos necesarios ante el ENRE para comenzar a construir. El secretario de Gobierno municipal, Alfredo Almeida, aseguró que “el único rol de la Municipalidad fue el de vendedor. Los que tienen el poder de decir si se construye o no son la gente del ENRE”. “No queremos que nos pase lo mismo que a la gente de Ezpeleta”, dijo Nélida Alvarez, en referencia a los casos de cáncer que una subestación de las mismas características instalada en la localidad sureña hace más de una década habría provocado en las personas que viven en los alrededores. Piden que la planta sea relocalizada en los terrenos de la Ceamse, “donde no perjudicarían a nadie”.

El destino de la subestación es un predio que se extiende a la vera de Peredo, la calle principal del barrio Las Naciones; pegado a la sede judicial de Ituzaingó y la UP39 del Servicio Penitenciario Bonaerense. Nélida vive con su marido a menos de 50 metros de allí. Andrea, a menos de una cuadra, con su esposo y sus dos hijos chiquitos. La casa de Ana María está ubicada sobre Acevedo, calle que además de ser uno de los límites físicos del predio vacante es el límite distrital que separa Ituzaingó de San Antonio de Padua. En la misma cuadra de su casa se alzan los monoblocks de vivienda social que albergan a 1200 familias. Jorge y los suyos viven sobre la misma calle que Nélida, una cuadra más allá de donde supuestamente se ubicarán los grandes transformadores. A menos de un kilómetro a la redonda del predio, hay nueve escuelas primarias y secundarias y un jardín de infantes.

A fines de 2007, y por unanimidad, el Concejo Deliberante de Ituzaingó aprobó la venta del terreno a Edenor. No bien supieron, los vecinos comenzaron a organizarse para detener la instalación de la planta. Presentaron notas al intendente, Alberto Descalzo (PJ), al cuerpo de concejales, a los diferentes bloques y recolectaron firmas para solicitar que no se instale allí la subestación. Hasta hoy, las adhesiones ascienden a 6500. También acudieron al ENRE, a la Defensoría del Pueblo de la Nación y al Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPSD), desde donde les respondieron que la empresa aún no ha presentado ninguna documentación, “con lo cual ellos no pueden hacer nada”, relató con desilusión Ricardo, esposo de Nélida.

Durante la última visita que el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, realizó al distrito para una inauguración, los vecinos se acercaron al lugar para manifestarse. “Fuimos de manera pacífica. Pero se infiltró entre nosotros una patota de matones de la Municipalidad que nos empezaron a empujar para que nos fuéramos. A mí me amenazaron con un arma y a otro muchacho le pegaron una piña y le rompieron la nariz”, relató Ricardo.

Al parecer, la instalación de la subestación no es un problema para las autoridades municipales, que se escudan en la existencia “desde hace más de 40 años y sin haber ocasionado ningún problema” de una planta igual en el límite sur del distrito. “Hemos encargado hace varios meses a los ministerios de Salud provincial y nacional un estudio epidemiológico en la zona de esa planta, pero todavía no obtuvimos resultados”, remarcó Almeida. Los vecinos de Las Naciones realizaron su propio mapa de enfermedades en esa zona que, aseguran, “es estremecedor”, pero que “carece de todo rigor científico” para el funcionario municipal.

Edenor, en tanto, reconoció sus planes de localizar allí una subestación transformadora. Un vocero de la empresa sostuvo que “se están haciendo los estudios de impacto ambiental, que luego serán presentados a la Municipalidad y al ENRE para que den luz verde”. Según aclaró, la creciente demanda de energía de la zona es el motivo de la instalación y, en cuanto a los posibles riesgos que la planta podría ocasionar para las personas, agregó: “Todas las subestaciones de Edenor son de última generación y cuentan con dispositivos de seguridad y protección para las personas y el medioambiente”.

“Somos el inodoro de Ituzaingó. El terreno era un basural enorme. Querían trasladar ahí la cancha de Club Atlético Ituzaingó y no lo permitimos, como tampoco vamos a permitir que instalen la subestación”, determinó Nélida Alvarez. A los vecinos les preocupa su salud. Temen que su barrio “se convierta en otro Ezpeleta”, en referencia a lo sucedido en esa localidad del partido bonaerense de Quilmes cuando, en los ’90, Edesur instaló una subestación similar. “Es entendible que tengan miedo por las enfermedades, que nadie dice que no puedan llegar a sufrir si no se tienen las precauciones necesarias, cosa que desde la Municipalidad controlaremos que se cumplan”, se comprometió el secretario de Gobierno antes de recalcar: “Yo los entiendo. A mí no me gustaría tener una de esas plantas frente a mi casa”.



Fuente: Página/12

 

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