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Sostenibilidad: Un reto de futuro

Liderar el camino hacia la Tercera Revolución Industrial y la visión social del mundo en el Siglo XXI.

Introducción

Nos aproximamos al ocaso de la era del petróleo en la primera mitad del siglo XXI. El precio del petróleo en los mercados internacionales sigue aumentando y el cénit del petróleo puede observarse a pocas décadas. Al mismo tiempo, el aumento drástico de las emisiones de dióxido de carbono procedentes de la combustión de combustibles fósiles está produciendo el aumento de la temperatura terrestre y amenazando con un cambio sin precedentes en la química del planeta y en el clima mundial, con inquietantes consecuencias para el futuro de la civilización humana y para los ecosistemas de la Tierra.
La Unión Europea necesita un nuevo y poderoso mensaje económico que impulse la discusión y la agenda que rodea al cambio climático y al cénit del petróleo, trasladándolo del miedo a la esperanza y de las limitaciones a las posibilidades económicas. Ese mensaje está empezando a emerger en estos momentos, a medida que las industrias de toda Europa comienzan a sentar las bases de una Tercera Revolución Industrial post-carbono.
La necesidad de una nueva perspectiva económica aborda una urgencia aún mayor a la vista del informe de reciente publicación emitido por el climatólogo estadounidense James Hansen, director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, con la autoría conjunta de otros ocho importantes científicos. Hansen y sus colegas afirman que el objetivo de la UE en lo que respecta al CO2, el más riguroso para cualquier gobierno, debe reducirse drásticamente hasta 350 partes por millón si “la humanidad desea conservar un planeta similar a aquel en el que se desarrolló la civilización” y al que se ha adaptado la vida en la Tierra. Según Hansen, “la conclusión a la que hemos llegado es que el objetivo que nos habíamos marcado todos es un desastre: un desastre garantizado”. Las nuevas conclusiones, extrapoladas de muestras tomadas de las profundidades del océano, sugieren que si los niveles de CO2 ascendiesen hasta 550 ppm, la temperatura del planeta ascendería hasta los 6º Celsius (una estimación anterior sugiere un aumento de 3º Celsius en la temperatura de la Tierra para el final del siglo), con resultados catastróficos para la vida terrestre.

 

El aumento drástico de las emisiones de dióxido de carbono procedentes de la combustión de combustibles fósiles está produciendo el aumento de la temperatura terrestre y amenazando con un cambio sin precedentes en la química del planeta y en el clima mundial, con inquietantes consecuencias para el futuro de la civilización humana y para los ecosistemas de la Tierra.

 

Mientras la Unión Europea se prepara para la Cumbre Climática de Copenhague en 2009, es fundamental que nos replanteemos la discusión europea y mundial sobre el cambio climático y la seguridad energética, centrándonos en la misión de hacer la transición de la segunda revolución industrial a una Tercera Revolución Industrial. Si no conseguimos reorientar el cambio climático y la agenda energética desde el reparto de cargas hasta las oportunidades comerciales, es probable que la Cumbre Climática de Copenhague no alcance todo su potencial, con consecuencias inestimables para la civilización.
La clave, tanto para Europa como para el mundo, es presentar una “perspectiva social” convincente que acompañe a la nueva perspectiva económica. La Tercera Revolución Industrial establece un marco para el nacimiento de una “Nueva Europa Social” en la primera mitad del siglo XXI. De igual modo que las revoluciones de la informática distribuida y la comunicación por Internet cambiaron el contexto social, así como los parámetros económicos de los negocios. Una revolución de las energías renovables distribuidas tendrá un impacto similar en Europa y en el mundo.


Abriendo caminos hacia una sociedad post-carbono y la Tercera Revolución Industrial

Aunque el petróleo, el carbón y el gas natural van a continuar proporcionando una parte sustancial de la energía de todo el mundo y de la Unión Europea hasta bien entrado el siglo XXI, existe un consenso cada vez mayor en cuanto a que estamos entrando en un periodo crepuscular en el que los costes totales de nuestra adicción a los combustibles fósiles están empezando a actuar como lastre de la economía mundial. Durante esta era crepuscular, los 27 Estados miembros de la UE están esforzándose al máximo para garantizar que las existencias restantes de combustibles fósiles se utilicen con mayor eficiencia y experimentando con tecnologías energéticas limpias para limitar las emisiones de dióxido de carbono en la combustión de combustibles convencionales. Estos esfuerzos están en consonancia con el mandato de la UE de que los Estados miembros incrementen la eficiencia energética en un 20 por ciento para 2020 y reduzcan las emisiones que contribuyen al calentamiento global en un 20 por ciento (basado en los niveles de 1990), también para 2020. Sin embargo, las mayores eficiencias en el uso de combustibles fósiles y en las reducciones obligatorias de las emisiones que contribuyen al calentamiento global, por sí mismas, no son suficientes para abordar de forma adecuada la crisis sin precedentes del calentamiento global y del cénit de la producción mundial de petróleo y gas. De cara al futuro, todos los gobiernos deberán explorar nuevas vías energéticas y establecer nuevos modelos económicos con el objetivo de lograr unas emisiones lo más cercanas a cero posibles.

Las grandes revoluciones económicas de la historia: la convergencia de los nuevos regímenes energéticos y de comunicación

Los grandes cambios cruciales en la historia del mundo se han producido cuando los nuevos regímenes energéticos convergen en otros de los mismos en comunicación. Cuando se produce esa convergencia, la sociedad se reestructura por completo de formas completamente nuevas. Por ejemplo, las primeras sociedades agrícolas hidroeléctricas (Mesopotamia, Egipto, China, India) inventaron la escritura para gestionar el cultivo, el almacenamiento y la distribución de grano. Los excedentes de grano almacenado permitieron una expansión de la población, así mismo la alimentación de la mano de obra esclava que, a su vez, facilitó los “recursos humanos” que permitieron dirigir la economía. La convergencia de la comunicación escrita y del almacenamiento de energía en forma de excedentes de grano introdujo la revolución agrícola y dio lugar a la propia civilización.
A principios de la era moderna, la unión de la tecnología de vapor impulsada por el carbón y la imprenta dieron lugar a la primera revolución industrial. Habría sido imposible organizar el drástico incremento del ritmo, la velocidad, el flujo, la densidad y la conectividad de la actividad económica posibilitada por el motor de combustión de carbón utilizando los antiguos códigos y formas orales de comunicación.
A finales del siglo XIX y a lo largo de los dos primeros tercios del siglo XX, las formas de comunicación eléctrica de primera generación (el telégrafo, el teléfono, la radio, la televisión, las máquinas de escribir, las calculadoras, etc.) coincidieron con la introducción del petróleo y del motor de combustión interna, convirtiéndose en los mecanismos de control de la comunicación que sirvieron para organizar y comercializar la segunda revolución industrial.
De forma similar hoy en día, los mismos principios de diseño y tecnologías inteligentes que posibilitaron Internet, y las grandes redes mundiales de comunicación “distribuida”, están empezando a utilizarse para reconfigurar las redes energéticas del mundo para que las personas puedan producir energía renovable y compartirla de igual a igual, del mismo modo en que hoy en día producen y comparten información, creando una forma nueva y descentralizada de uso de la energía. Tenemos que concebir un futuro en el que millones de personas puedan recoger y producir energía renovable generada a escala local en sus hogares, oficinas, fábricas y vehículos, almacenarla en forma de hidrógeno para así compartirla a lo largo de una red inteligente e interconectada que abarque a toda Europa. (El hidrógeno es un medio universal de almacenamiento para las energías renovables intermitentes; de la misma forma que los mecanismos digitales de almacenamiento son universales para texto, audio, vídeo, datos y otros tipos de medios).
A menudo, se formula la pregunta de si la energía renovable, a largo plazo, puede proporcionar energía suficiente para hacer funcionar una economía nacional o mundial. Del mismo modo que las tecnologías de redes informáticas de segunda generación permiten que las empresas conecten miles de ordenadores de sobremesa, creando mucha más energía informática distribuida que incluso los ordenadores centralizados más potentes que existen. Millones de productores de energía renovable, con acceso a redes de servicios inteligentes, pueden producir y compartir potencialmente un poder mucho más distribuido que las antiguas formas de energía de las que dependemos actualmente (el petróleo, el carbón, el gas natural y la energía nuclear).


Los cuatro pilares de la Tercera Revolución Industrial

La creación de un régimen de energías renovables, cargadas por los edificios que parcialmente almacenadas en forma de hidrógeno y distribuidas por medio de redes inteligentes interconectadas, nos abre la puerta a una Tercera Revolución Industrial. Esto debería tener un efecto multiplicador económico tan potente en el siglo XXI como la convergencia de la tecnología de impresión en masa con la tecnología de la energía del carbón y del vapor en el siglo XIX, y la unión de las formas eléctricas de comunicación con el petróleo y el motor de combustión interna en el siglo XX.

• El primer pilar: la energía renovable
Las formas renovables de energía (solar, eólica, hidroeléctrica, geotérmica, mareomotriz y la biomasa) conforman el primero de los cuatro pilares de la Tercera Revolución Industrial. Aunque dichas energías emergentes siguen suponiendo un pequeño porcentaje de la mezcla energética, están creciendo con rapidez a medida que los gobiernos imponen objetivos y referencias para su introducción generalizada en el mercado, su menor coste hace que cada vez sean más competitivas a medida que pasa el tiempo.
Se están invirtiendo miles de millones de euros de capital público y privado en la investigación, el desarrollo y la penetración en el mercado, ya que las empresas y los propietarios de viviendas buscan reducir su huella de carbono, y conseguir al mismo tiempo una mayor eficiencia e independencia energética. La inversión mundial en energías renovables alcanzó 148.000 millones de dólares en 2007, incrementándose en un 60 por ciento desde 2006. Se prevé que la inversión mundial en energías renovables aumente hasta 250.000 millones de euros en 2020, y hasta 460.000 millones de euros en 2030. Hoy en día, la producción, las operaciones y el mantenimiento de las energías renovables proporcionan aproximadamente dos millones de puestos de trabajo en todo el mundo. Un reciente estudio concluyó que el número de puestos de trabajo creados por euro invertido (y por kilovatio-hora producido) procedentes de las tecnologías de energía renovable es de 3 a 5 veces superior al número de empleos creados procedentes de la generación basada en combustibles fósiles.

 

Las formas renovables de energía (solar, eólica, hidroeléctrica, geotérmica, mareomotriz y la biomasa) conforman el primero de los cuatro pilares de la Tercera Revolución Industrial.


Al convertirse en la primera superpotencia que establece un objetivo obligatorio del 20 por ciento en energía renovable para 2020, la UE ha puesto en marcha el proceso de ampliar enormemente la porción de energías renovables de su mezcla energética. En un reflejo del nuevo compromiso con unos mayores objetivos de energías renovables, el Banco de Inversión Europeo ha ampliado sus inversiones en energías renovables y tiene previsto financiar préstamos por un valor total superior a 800 millones de euros anuales. Sólo en Alemania, el sector de las mismas presenta un volumen de negocio anual de 21.600 millones de euros y 214.000 trabajadores en 2006, y el sector tiene previsto crecer hasta alcanzar entre 244.000 y 263.000 empleos en 2010, entre 307.000 y 354.000 empleos en 2020, y entre 333.000 y 415.000 en 2030.
Los otros 26 Estados miembros de la UE, también están creando nuevos puestos de trabajo a medida que adaptan sus fuentes de energía renovable para cumplir su objetivo de una política de emisión de carbono cercana a cero. La energía renovable en la UE generó 8.900 millones de euros de ganancias en 2005, y se estima que alcance 14.500 millones de euros para 2010. Se prevé la creación de más de 700.000 puestos de trabajo en la UE hasta 2010 en el campo de la generación de electricidad procedente de fuentes de energía renovable. Para 2050, se espera que la energía renovable proporcione casi la mitad de la energía primaria, y el 70 por ciento de la electricidad producida en la UE, y que ello suponga varios millones de puestos de trabajo.

• El segundo pilar: los edificios que actúan como plantas energéticas positivas
Aunque la energía renovable se encuentra en todas partes y las nuevas tecnologías nos están permitiendo aprovecharla de forma más barata y eficiente, necesitamos infraestructuras para cargarla. Ahí es donde el sector de la construcción debe dar un paso al frente, para plantar el segundo pilar de la Tercera Revolución Industrial.
El sector de la construcción es el que más puestos de trabajo proporciona en la UE y, en 2003, representaba el 10 por ciento del PIB y el 7 por ciento del empleo en la UE de los 15. Los edificios suponen la principal contribución al calentamiento global inducido por el ser humano. En todo el mundo, los edificios consumen entre el 30 y el 40 por ciento de toda la energía producida, y son responsables de los mismos porcentajes de emisiones de CO2. Ahora, las nuevas tecnologías posibilitan que, por primera vez, se diseñen y se construyan edificios que crean la totalidad de su propia energía a partir de fuentes de energía renovables disponibles a escala local, lo que nos permite reconceptualizar el futuro de los edificios como “plantas de energía”. Las implicaciones comerciales y económicas son enormes y de gran alcance para el sector inmobiliario y, en ese aspecto, para Europa y el mundo.
Dentro de 25 años, se construirán millones de edificios – viviendas, oficinas, centros comerciales, parques industriales y tecnológicos – que se construirán de forma que sirvan como “plantas energéticas” además de como hábitats. Esos edificios recogerán y generarán energía localmente procedente del sol, el viento, la basura, los residuos agrícolas y forestales, las olas y las mareas, así como energía hidroeléctrica y geotérmica, suficiente para abastecer sus propias necesidades energéticas, además de poder compartir el excedente de energía.

 

Paneles solares instalados en el aeropuerto de Munich.


Actualmente está surgiendo una nueva generación de edificios comerciales y residenciales que actúan como plantas energéticas. En Estados Unidos, Frito-Lay está reacondicionando su planta de Casa Grande, haciéndola funcionar principalmente con energía renovable y agua reciclada. Este concepto se denomina “cero neto”. La fábrica generará toda su energía en planta instalando techos solares y reciclando los residuos de sus procesos de producción y convirtiéndolos en energía. En Francia, el gigante de la construcción Bouygues está llevando el proceso un paso más allá, levantando un complejo de oficinas comerciales de última generación este año en las afueras de París, que recoge energía solar suficiente, no sólo para abastecer sus propias necesidades, sino incluso para generar un excedente de energía.
El Parque Tecnológico Walqa, en Huesca, España, está enclavado en un valle de los Pirineos y pertenece a un nuevo género de parques tecnológicos que producen su propia energía renovable en planta para dotar de energía a sus operaciones. Actualmente hay una docena de edificios de oficinas en funcionamiento en el Parque Walqa, y está prevista la construcción de otros 40. La instalación funciona íntegramente a partir de formas de energía renovable, entre ellas la energía eólica, la hidroeléctrica y la solar. El parque alberga a empresas líderes de alta tecnología, entre ellas Microsoft y otras empresas informáticas, empresas de energías renovables, etc.

• El tercer pilar: el almacenamiento de hidrógeno
La introducción de los dos primeros pilares de la Tercera Revolución Industrial (la energía renovable y los “edificios que actúan como plantas energéticas”) exige la introducción simultánea del tercer pilar de la Tercera Revolución Industrial. Para maximizar la energía renovable y minimizar el coste, será necesario desarrollar métodos de almacenamiento que faciliten la conversión de suministros intermitentes de esas fuentes de energía en activos fiables. Las baterías, el bombeo de agua diferenciado y otros medios pueden proporcionar una capacidad de almacenamiento limitada. Sin embargo, existe un medio de almacenamiento que está muy extendido y puede resultar relativamente eficiente. El hidrógeno es el medio universal que “almacena” todas las formas de energía renovable garantizando que haya disponible un suministro estable y fiable para la generación de energía y, al mismo nivel de importancia, para el transporte.
El hidrógeno es el elemento más ligero y más abundante del universo y, cuando se usa como fuente de energía, los únicos productos derivados son el agua pura y el calor. Desde hace más de 30 años, nuestras naves espaciales son impulsadas por hidrógeno en celdas de combustible de alta tecnología. Así es como funciona el hidrógeno. Las fuentes renovables de energía (celdas solares, eólica, hidroeléctrica, geotérmica, mareomotriz) se utilizan para producir electricidad. Esa electricidad, a su vez, puede utilizarse en un proceso llamado electrólisis, para dividir el agua en hidrógeno y oxígeno. El hidrógeno también puede extraerse directamente de los cultivos energéticos, los residuos animales y forestales y la basura orgánica – la llamada biomasa – sin pasar por el proceso de electrólisis.
Lo más importante que hay que subrayar es que una sociedad de energías renovables se hace viable en la medida en que parte de esa energía pueda almacenarse en forma de hidrógeno. Ello se debe a que la energía renovable es intermitente. El sol no siempre brilla, el viento no siempre sopla, el agua no siempre fluye cuando hay sequía y la producción agrícola es variable. Cuando no hay energía renovable disponible, no puede generarse electricidad y la actividad económica se detiene. Sin embargo, si parte de la electricidad que se genera cuando abunda la energía renovable puede utilizarse para extraer hidrógeno del agua que pueda almacenarse para un uso posterior, la sociedad tendrá un suministro continuo de energía. El hidrógeno también puede extraerse de la biomasa y almacenarse de forma similar.
La Comisión Europea reconoce que la mayor confianza en las formas de energía renovable se vería enormemente facilitada por el desarrollo de la capacidad de almacenamiento del hidrógeno en celdas de combustible y, en 2003, fundó la Plataforma Tecnológica del Hidrógeno, una enorme iniciativa de investigación y desarrollo para situar a Europa en cabeza de la carrera hacia un futuro protagonizado por el hidrógeno. Las regiones y los gobiernos nacionales de toda Europa ya han comenzado a poner en marcha programas de investigación y desarrollo del hidrógeno, y se encuentran en las primeras fases de la introducción de tecnologías de hidrógeno en el mercado.
En 2006, la República Federal de Alemania, comprometió 500 millones de euros a la investigación y el desarrollo del hidrógeno, y comenzó a preparar planes de creación de una hoja de ruta sobre el hidrógeno a escala nacional, con el objetivo declarado de liderar a Europa y el mundo hacia la era del hidrógeno para 2020. La Canciller Ángela Merkel y los miembros de su gabinete demandaron una Tercera Revolución Industrial en comparecencias públicas en 2007.
En octubre de 2007, la Comisión Europea anunció una ambiciosa asociación público-privada destinada a acelerar la introducción comercial de una economía del hidrógeno en los 27 Estados miembros de la UE, que centrará su atención en la producción de hidrógeno a partir de fuentes de energía renovables.
En 2008, la Comisión Europea anunció una Iniciativa Tecnológica Conjunta (ITC), una ambiciosa asociación público-privada destinada a acelerar la introducción comercial de una economía del hidrógeno en los 27 Estados miembros de la UE, que centrará su atención en la producción de hidrógeno a partir de fuentes de energía renovables.

• El cuarto pilar: las redes inteligentes y los vehículos eléctricos recargables
Convirtiéndose en una referencia en el paso a la energía renovable, progresando en la noción de edificios que actúan como plantas energéticas y financiando un agresivo programa de investigación y desarrollo de las tecnologías de hidrógeno en celdas de combustible, la UE ha erigido los tres primeros pilares de la Tercera Revolución Industrial. El cuarto pilar, la reconfiguración de la red energética europea, junto con las líneas de Internet, que permita que las empresas y los propietarios de viviendas produzcan su propia energía y la compartan entre sí, está siendo, en estos momentos, objeto de ensayos por parte de diversas empresas energéticas de Europa.
La red interconectada inteligente se compone de tres elementos fundamentales. Las minirredes permiten que los usuarios, las pequeñas y medianas empresas (PYMES) y las empresas de gran escala económica produzcan energía renovable a escala local – a través de celdas solares, energía eólica, la pequeña hidroeléctrica, los residuos animales y agrícolas, la basura, etc. – y la utilicen, fuera de la red, para sus propias necesidades eléctricas. La tecnología de contadores inteligentes permite que los productores locales revendan con mayor eficacia su energía a la red energética principal, además de recibir electricidad de la red, haciendo que el flujo de electricidad sea bidireccional.
La siguiente fase en la tecnología de redes inteligentes está incorporando dispositivos y chips sensibles es todo el sistema de la red, conectando todos los electrodomésticos. El software permite que toda la red sepa cuánta energía se está utilizando, en cualquier momento, en cualquier parte de la red. Esta interconectividad puede utilizarse para redirigir los usos y los flujos de energía durante los picos y los valles, e incluso ajustarse los cambios en los precios de la energía según el momento.
En el futuro, las redes de servicios inteligentes también estarán conectadas a los cambios meteorológicos de cada momento –registrando los cambios del viento, el flujo solar, la temperatura ambiente, etc.– confiriendo a la red energética la capacidad de ajustar el flujo de electricidad continuamente, tanto a las condiciones meteorológicas externas como a la demanda de consumo. Por ejemplo, si la red energética está experimentando un pico en el uso de energía y una posible sobrecarga debida a una demanda excesiva, el software puede ordenar que la lavadora del propietario de una vivienda baje un ciclo por carga o que se reduzca un grado el aire acondicionado. Los consumidores que autoricen ligeros ajustes en su uso de la electricidad recibirán descuentos en sus facturas. Puesto que el precio de la electricidad en la red varía durante cualquier periodo de las 24 horas, la información energética al momento abre la puerta a un “establecimiento de precios dinámicos”, lo que permite que los consumidores aumenten o disminuyan su uso de la energía automáticamente, en función del precio de la electricidad en la red. Hasta el momento el precio también permite que los productores de las minirredes locales revendan automáticamente energía a la red o se desconecten de ella por completo. La red interconectada inteligente no sólo otorgará a los usuarios finales más poder sobre sus elecciones energéticas, sino que también creará nuevas eficiencias energéticas en la distribución de la electricidad.
La red interconectada posibilita una amplia redistribución de la energía. El actual flujo de energía centralizado y unidireccional es cada vez más obsoleto. En la nueva era, las empresas, los municipios y los propietarios de viviendas se convertirán en los productores, así como en los consumidores de su propia energía – la llamada “generación distribuida”.
Incluso los vehículos eléctricos recargables y los impulsados por hidrógeno en celdas de combustible son “plantas energéticas sobre ruedas” con una capacidad generadora de veinte o más kilovatios. Puesto que el coche, el autobús y el camión son medios que están aparcados la mayor parte del tiempo, pueden enchufarse durante las horas en que no se usan a la red eléctrica doméstica, de la oficina, de la red eléctrica interactiva, devolviendo electricidad de primera clase a la red. Los vehículos recargables eléctricos y de celdas de combustible se convierten así en una forma de almacenar enormes cantidades de energía renovable que pueden devolverse en forma de electricidad a la red energética principal.

 

La red interconectada inteligente se compone de tres elementos fundamentales. Las minirredes permiten que los usuarios, las pequeñas y medianas empresas (PYMES) y las empresas de gran escala económica produzcan energía renovable a escala local – a través de celdas solares, energía eólica, la pequeña hidroeléctrica, los residuos animales y agrícolas, la basura, etc. – y la utilicen, fuera de la red, para sus propias necesidades eléctricas.


En 2008, Daimler y RWE, la segunda empresa energética y de servicios públicos más importante de Alemania, iniciaron un proyecto en Berlín para establecer puntos de recarga para coches eléctricos Smart y Mercedes alrededor de la capital del país. Renault-Nissan está preparando un plan similar para proporcionar una red de cientos de miles de puntos de recarga de baterías en Israel, Dinamarca y Portugal. Las estaciones de carga de energía eléctrica se utilizarán para dar servicio al coche eléctrico integral de Renault, el Mégane. Toyota se ha asociado con EDF, la mayor empresa energética y de servicios públicos de Francia, para construir puntos de carga en Francia y en otros países, para sus coches eléctricos recargables. En 2030, habrá puntos de carga instalados para los vehículos eléctricos recargables y para los vehículos de hidrógeno en celdas de combustible prácticamente en todas partes – junto a las carreteras, en los hogares, en los edificios comerciales, en las fábricas, en los aparcamientos y en los garajes, ofreciendo una infraestructura distribuida continua para enviar electricidad tanto desde la red eléctrica como a ésta. Si solamente el 25 por ciento de los conductores utilizasen sus vehículos como plantas energéticas para revender energía a la red interconectada, podrían eliminarse todas las plantas energéticas de EE.UU. y de la UE.
IBM y otras empresas informáticas de ámbito mundial están accediendo en estos momentos al mercado de la energía inteligente, trabajando con empresas de servicios públicos para transformar la red energética en redes interconectadas, de forma que los propietarios de los edificios puedan producir su propia energía y compartirla mutuamente. Centerpoint Utility en Houston, Texas, Xcel Utility en Boulder, Colorado, y Sempra y Southern Con Edison en California están instalando partes de las redes inteligentes este año, conectando miles de edificios residenciales y comerciales.
El nuevo plan energético de la UE está allanando el camino para la red interconectada, con la exigencia de que debe separarse de la red energética, o como mínimo hacerla cada vez más independiente de las empresas energéticas que también producen la energía, de forma que los nuevos actores –en especial pequeñas y medianas empresas y propietarios de viviendas –tengan la oportunidad de producir y revender energía a la red con la misma facilidad y transparencia de la que gozan al producir y compartir información por Internet. La Comisión Europea también ha establecido una Plataforma Tecnológica Europea de Redes Inteligentes y ha elaborado un documento de perspectivas y estrategias a largo plazo en 2006 para reconfigurar la red energética europea para hacerla inteligente, distribuida e interactiva.

La pregunta central que debe hacerse cada nación es donde quiere que esté su país dentro de veinticinco años: en el ocaso de las decadentes energías e industrias de la segunda revolución industrial o en el despertar de las energías e industrias de la Tercera Revolución Industrial. La Tercera Revolución Industrial es el partido final que saca al mundo de las viejas energías basadas en el carbono y en el uranio y lo traslada a un futuro sostenible y no contaminante para la raza humana.

Una Nueva Europa Social en el siglo XXI

La Tercera Revolución Industrial hace posible una Nueva Europa Social en el siglo XXI. El sueño europeo se encuentra en el centro de la Nueva Europa Social. La mayoría de los europeos, cuando se les pregunta cuál es su mayor esperanza, contestan que imaginan una Nueva Europa Social basada en la “calidad de vida”. El sueño europeo hace hincapié en los derechos sociales y humanos, equilibrando los modelos sociales y de mercado y construyendo puentes de cooperación y paz. Subrayar este nuevo sueño expansivo de una Europa social del siglo XXI es el compromiso que comparten millones de europeos para crear una sociedad justa y sostenible para sus hijos y para las generaciones venideras.
El sueño europeo de una Europa social está en estos momentos amenazado por el aumento drástico de los precios del petróleo y el gas en el mercado mundial, y los impactos patentes del cambio climático en las comunidades y los ecosistemas de todo el continente.
Sin un plan bien meditado destinado a introducir una Tercera Revolución Industrial, la esperanza de una Nueva Europa Social comenzará a desvanecerse, poniendo en peligro el experimento europeo. La Tercera Revolución Industrial, por lo tanto, es el punto inicial de una Nueva Europa Social. De hecho, una Nueva Europa Social surge inexorablemente a partir del mensaje de la Tercera Revolución Industrial y es imposible lograrla sin ésta. Juntas, la Tercera Revolución Industrial y la Nueva Europa Social ofrecen un plan estratégico convincente para los próximos 50 años de integración europea.
Ahora, lo que se requiere es una perspectiva política convencida y capaz de aunar a ambas. Por un lado, articulando una agenda política clara que haga progresar la Tercera Revolución Industrial, y por otro los programas complementarios para una Nueva Europa Social, la Comisión Europea ayudará a trasladar el proyecto europeo a la siguiente fase de su desarrollo y, en el proceso, dejará un valioso legado para las generaciones venideras de europeos. La nueva política, además, situará a la UE como un faro de esperanza para el resto del mundo en el siglo XXI.

La Nueva Europa Social se compone de diez elementos fundamentales, cada uno de ellos erigido sobre el marco de la Tercera Revolución Industrial:

1) Un nivel de vida sostenible: El aumento a largo plazo del precio del petróleo en los mercados mundiales y los efectos cada vez más inmediatos del cambio climático sobre los sectores comerciales, desde la agricultura hasta el turismo, ya están teniendo un impacto contundente en el nivel de vida de millones de ciudadanos europeos. Los precios de los alimentos están por las nubes, así como el precio de los productos de consumo y de los servicios, de la calefacción doméstica y el coste del petróleo, amenazando el bienestar económico de las familias europeas. Esas condiciones sólo van a empeorar en los años venideros, poniendo en peligro el sueño europeo y una Nueva Europa Social. Los gobiernos, la comunidad empresarial y la sociedad civil deben unirse en una movilización sin precedentes para doblar la esquina del ocaso de las energías y las industrias de la segunda revolución industrial e introducir un régimen de energías renovables si se quiere que las familias europeas disfruten de un nivel de vida sostenible en el siglo XXI.

2) El efecto multiplicador económico: La transición hacia la Tercera Revolución Industrial exigirá una reconfiguración a gran escala de toda la infraestructura europea, creando millones de puestos de trabajo e innumerables productos y servicios, con un efecto multiplicados económico que se extenderá hasta la segunda mitad del siglo XXI. Tendremos que invertir en tecnología de energías renovables a escala masiva; rediseñar los millones de edificios del continente, transformándolos en plantas energéticas positivas, incorporar el hidrógeno y otras tecnologías de almacenamiento a toda la infraestructura europea, transformar el automóvil pasando del motor de combustión interna al coche de celdas de combustible, e instalar una red de servicios públicos inteligente en todo el continente.

3) Nuevos puestos de trabajo y modelos de negocio para el siglo XXI: La remodelación a gran escala de la infraestructura europea y el reacondicionamiento de las industrias va a requerir un reciclaje masivo en la formación de los trabajadores europeos a una escala que vaya en consonancia con la formación vocacional y profesional al inicio de la primera y la segunda revolución industrial. La nueva mano de obra, de alta tecnología de la Tercera Revolución Industrial deberá estar cualificada en tecnologías de energías renovables, construcción ecológica, informática y sistemas informáticos incorporados, nanotecnología, química sostenible, desarrollo de celdas de combustible, gestión digital de redes energéticas, transporte híbrido impulsado por electricidad e hidrógeno y varios cientos de campos técnicos más. Los empresarios y los administradores deberán recibir formación para sacar partido de modelos de negocio de última generación, incluyendo el código abierto, así como, el comercio en red, las estrategias de investigación y desarrollo distribuidos de colaboración y la gestión sostenible y baja en carbono de las cadenas logísticas y de suministro. Los niveles de cualificación y los estilos de gestión de la mano de obra de la Tercera Revolución Industrial serán cualitativamente distintos de los de la mano de obra de la segunda revolución industrial.

 

La energía geotermica.

4) Hacer progresar la seguridad energética europea: La UE abordó por primera vez la seguridad energética con el establecimiento de la Comunidad del Carbón y el Acero y con la introducción del Proyecto EURATOM. En los próximos 50 años, Europa deberá crear un régimen de energías renovables autosuficiente y distribuido por todo el continente que garantice la independencia energética y el acceso a un futuro post-carbono. Una red interconectada de ámbito continental totalmente integrada permite que cada país miembro de la UE produzca su propia energía y comparta cualquier excedente con el resto de Europa en un enfoque “de red” dirigido a garantizar la seguridad energética de la UE. Cuando cualquier región concreta de la UE goce de una sobrecarga o un excedente temporal en su energía renovable, esa energía puede compartirse con regiones que se enfrenten a un valle o déficit temporal.

5) Alcanzar el objetivo de la Agenda de Lisboa de convertirnos en la economía más competitiva del mundo: La industria europea posee los conocimientos científicos, tecnológicos y financieros especializados para encabezar el cambio hacia las energías renovables, los edificios energéticos positivos, una economía del hidrógeno y una red energética inteligente y, con ello, liderar al mundo hacia una nueva era. Sectores de primer nivel de la UE como el automotriz, el químico, la ingeniería, la construcción, el software, la informática y la comunicación, así como los sectores bancarios y de seguros, le confieren una ventaja en la carrera hacia la Tercera Revolución Industrial. La UE también puede presumir de uno de los mayores mercados solares del mundo, siendo la mayor productora de energía eólica del mundo. La siguiente fase de la integración europea es establecer un régimen de energía distribuida que permita a Europa completar la creación de un mercado único y unificado. Aunque la UE es potencialmente el mayor mercado comercial interno del mundo, con 500 millones de consumidores y otros 500 millones en sus regiones asociadas que se extienden por el Mediterráneo y el norte de África, aún no ha creado una infraestructura logística continua, con una red de transportes, una red de comunicaciones y una red energética comunes. Integrar la infraestructura logística de forma que los más de mil millones de personas de la región de la UE puedan participar en el comercio y en los mercados de forma fácil y eficiente, y con poca huella de dióxido de carbono, es el asunto pendiente fundamental de la UE.

6) Capacitar a las personas y promover una Europa en red: La Tercera Revolución Industrial lleva a una Nueva Europa Social en la que la energía en sí está ampliamente distribuida, que fomenta unos nuevos niveles de colaboración sin precedentes entre sus 500 millones de ciudadanos. En la nueva era, las empresas, los municipios y los propietarios de viviendas se convierten en los productores, además de ser los consumidores de su propia energía –la llamada “generación distribuida”–. Al igual que la revolución de la comunicación distribuida de la última década generó formas en red de pensamiento, el intercambio de códigos abiertos y la democratización de las comunicaciones, la Tercera Revolución Industrial hace lo propio con la democratización de la energía. Comenzamos a imaginar una Europa en la que millones de personas están “capacitadas” tanto en sentido literal como en sentido figurado, con implicaciones de gran alcance para la vida social y política europea. La democratización de la energía se convierte en un punto de unión de una Nueva Europa Social. El acceso a la energía se convierte en un derecho social inalienable en la era de la Tercera Revolución Industrial. El siglo XX fue testigo de la ampliación del derecho al voto y de la ampliación de las oportunidades educativas y económicas para millones de europeos. En el siglo XXI, el acceso individual a la energía también se convierte en un derecho social y humano. Todos los europeos deberían tener la oportunidad de crear su propia energía localmente y compartirla con otras personas de toda la red interconectada europea. Para una generación de jóvenes que está creciendo en un mundo menos jerárquico y más interconectado, la capacidad de compartir y producir su propia energía en una red interconectada de acceso abierto, al igual que comparten su propia información por Internet, les parecerá algo natural y común.

7) La educación de cara al siglo XXI: La primera y la segunda revolución industrial vinieron acompañadas de grandes cambios en el sistema educativo. La Tercera Revolución Industrial exigirá reformas educativas igualmente innovadoras si queremos preparar a las futuras generaciones para trabajar y vivir en un mundo post-carbono.
El nuevo plan de estudios se centrará cada vez más en la información avanzada, las biotecnologías y las nanotecnologías, las ciencias geológicas, la ecología, la teoría de sistemas, la educación colaborativa y distributiva, los modelos de aprendizaje de los códigos abiertos y el capital social. Tendremos que educar a nuestros hijos para que piensen como ciudadanos del mundo y prepararlos para la transición histórica desde la geopolítica convencional del siglo XX a la política de la biosfera mundial del siglo XXI. La educación se centrará cada vez, más tanto en la responsabilidad global de preservar la salud de la biosfera del planeta como en la responsabilidad local de administrar los ecosistemas regionales. La vida sostenible se convertirá en el punto de apoyo de los entornos de aprendizaje del siglo XXI.

8) Una sociedad basada en la calidad de vida: En la Nueva Europa Social del siglo XXI, la oportunidad económica individual se convierte en parte de una perspectiva social más expansiva dirigida a crear una sociedad basada en la calidad de vida. Los indicadores económicos convencionales del siglo XX, que hacen hincapié en el producto interior bruto y en la renta per cápita, se acompañan ahora de indicadores, igualmente importantes, de la calidad de vida, que miden una buena economía en términos de compromiso con los derechos sociales y humanos, una ciudadanía formada, una población sana, unas comunidades seguras, un equilibrio adecuado entre el trabajo y el ocio y un medio ambiente limpio y sostenible.
Una economía basada en la calidad de vida promueve tanto los modelos sociales como los de mercado simultáneamente haciendo hincapié en la oportunidad económica junto con un sentido
del compromiso social para crear una sociedad sostenible para todos los ciudadanos.
En la Tercera Revolución Industrial, la energía distributiva y las comunidades sostenibles proporcionan el marco fundamental para crear una sociedad basada en la calidad de vida.

9) El replanteamiento de la globalización de abajo arriba: La transición de mitad de siglo de la segunda a la Tercera Revolución Industrial va a cambiar drásticamente el proceso de globalización. El impacto más significativo probablemente se producirá en las naciones en vías de desarrollo. Increíblemente, más de la mitad de la población humana nunca ha hablado por teléfono y un tercio de la raza humana no tiene acceso a la electricidad. La falta de acceso a la electricidad es un factor clave para perpetuar la pobreza en todo el mundo. A la inversa, el acceso a la energía supone mayores oportunidades económicas. Si millones de personas y comunidades de todo el mundo se convirtiesen en productores de su propia energía, el resultado sería un cambio profundo en la configuración de la energía. Los habitantes de los municipios estarían menos sujetos a la voluntad de los lejanos centros energéticos. Las comunidades podrían producir productos y servicios localmente y venderlos en todo el mundo.
Ésa es la esencia de la política del desarrollo sostenible y del replanteamiento de la globalización desde abajo a arriba. La UE, trabajando con las industrias europeas y las organizaciones de la sociedad civil, puede ayudar a facilitar la siguiente fase de la globalización sostenible reorientando la ayuda al desarrollo, potenciando la macrofinanciación y la microfinanciación y el crédito, así como asignando el estatus comercial de nación favorecida para ayudar a las naciones en vías de desarrollo a establecer una Tercera Revolución Industrial.

10) El legado de Europa: un planeta sostenible: En 1960, el Presidente Kennedy retó a la generación del baby boom en Estados Unidos a que se uniesen a él para enviar al hombre a la luna y a explorar los confines del espacio exterior. La segunda parte de la película, en el siglo XXI, es que la UE lidere al mundo para salvar la biosfera de la tierra. La Comisión Europea y los Estados miembros deben comunicar esta misión en toda Europa con el objetivo de desvelar el enorme potencial creativo de los europeos ante la tarea de renovar el planeta.


El paso de la segunda revolución industrial a la Tercera Revolución Industrial va a exigir un plan de transición a largo plazo cuidadosamente construido. La UE así lo entiende y se ha comprometido a seguir un proceso de dos vías: la primera, incrementar la eficiencia energética y reducir la huella de carbono en un 20 por ciento, respectivamente, para el año 2020, con el fin de limpiar las obsoletas fuentes de energía fósiles de la segunda revolución industrial; la segunda, perseguir de forma agresiva el objetivo del 20 por ciento de energías renovables y sentar las bases de una Tercera Revolución Industrial durante la primera mitad del siglo XXI. Debemos seguir de forma agresiva ambas vías, al mismo tiempo, si queremos facilitar la transición hacia una era post-carbono.
La historia de una Tercera Revolución Industrial y de una Nueva Europa Social es poderosa y transmite el mensaje que necesitamos tan desesperadamente en este punto crítico de la historia si queremos abordar el cambio climático y el cénit del petróleo y convertir a Europa en el faro guía del mundo.


El Autor

Jeremy Rifkin es presidente de la Fundación de Tendencias Económicas de Washington, D.C. e imparte clases en el Programa Educativo de Ejecutivos de la Escuela Wharton en la Universidad de Pennsylvania. El Sr. Rifkin asesora actualmente al Primer Ministro de Eslovenia, Janez Janša, durante su presidencia de la Unión Europea (de enero a julio de 2008). El Sr. Rifkin también ocupó el cargo de asesor de la Canciller de Alemania Ángela Merkel y al Primer Ministro de Portugal, Jose Socrates, durante sus respectivas presidencias del Consejo Europeo, en cuestiones relacionadas con la economía, el cambio climático y la seguridad energética. Actualmente asesora a la Comisión Europea, al Parlamento Europeo y a varios jefes de estado, incluido el Presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero. El Sr. Rifkin es autor de diecisiete libros sobre el medio ambiente, la energía y cuestiones económicas relacionadas, entre ellos The Hydrogen Economy:
The Creation of the World Wide Energy Web and the Redistribution of Power on Earth (Tarcher/Penguin) y The European Dream: How Europe’s Vision of the Future is Quietly Eclipsing the American Dream (Tarcher/Penguin).

 

Jeremy Rifkin es presidente de la Fundación de Tendencias Económicas de Washington, D.C. e imparte clases en el Programa Educativo de Ejecutivos de la Escuela Wharton en la Universidad de Pennsylvania.

 


 

 

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